
En Colombia, se ha generado una fuerte controversia debido a las denuncias que señalan que el Ministerio de Defensa estaría maquillando las cifras de terrorismo para mostrar una reducción en los actos delictivos, mientras que los registros oficiales de la Fiscalía General de la Nación reflejan un panorama contrario. Las críticas surgen a raíz de una comparación entre los informes de ambas instituciones, que revelan discrepancias significativas en la cantidad de hechos relacionados con el terrorismo durante el período 2022-2023.
Según el Ministerio de Defensa, entre 2022 y 2023, los actos de terrorismo se redujeron en un 67%, pasando de 578 casos reportados en 2022 a 192 en 2023. No obstante, los datos de la Fiscalía muestran un aumento del 30% en los procesos judiciales relacionados con este tipo de delitos durante el mismo período, lo que contradice las cifras del Ministerio. Esta divergencia ha despertado preocupación entre expertos en seguridad y organizaciones civiles, quienes advierten que la falta de coherencia en los datos podría afectar tanto la percepción pública de la seguridad como la efectividad de las políticas estatales para combatir el crimen organizado.
Críticos del gobierno sostienen que las cifras presentadas por el Ministerio de Defensa podrían estar manipuladas o maquilladas con el fin de respaldar el discurso oficial de que la estrategia de seguridad, enmarcada en la política de “paz total” del presidente Gustavo Petro, está dando resultados positivos. Sin embargo, analistas en seguridad aseguran que el incremento de los registros en la Fiscalía refleja una intensificación de la actividad de grupos armados ilegales, en especial en regiones como el Catatumbo, el Cauca y el Putumayo, donde operan estructuras como el ELN, las disidencias de las FARC y organizaciones dedicadas al narcotráfico.
El ministro de Defensa, Iván Velásquez, ha defendido las cifras presentadas por su cartera, asegurando que los datos provienen de un análisis riguroso y que reflejan una mejora en la seguridad pública gracias a la estrategia de desescalamiento del conflicto armado. No obstante, sectores de la oposición han cuestionado la transparencia de los informes y han solicitado a la Procuraduría General y a organismos de control realizar una auditoría independiente para verificar la veracidad de las cifras divulgadas.
Por su parte, la Fiscalía ha sido enfática en señalar que sus estadísticas se basan en denuncias formales y en procesos judiciales en curso, lo que ofrece una visión más cercana a la realidad del país. Además, algunas organizaciones defensoras de derechos humanos han advertido que la discrepancia en las cifras podría estar ocultando la verdadera magnitud de la violencia política y criminal, lo que obstaculiza los esfuerzos por garantizar la protección de las comunidades más vulnerables.
Este debate subraya las tensiones entre el gobierno nacional y los órganos de control, y plantea interrogantes sobre la transparencia y la coordinación interinstitucional en la gestión de la información de seguridad en Colombia. Mientras el Ministerio de Defensa insiste en la validez de sus datos, las organizaciones civiles exigen una mayor claridad y precisión en la presentación de las cifras, dado el impacto que tienen en las políticas públicas y en la confianza ciudadana.

