
Una nueva tensión diplomática ha estallado entre Colombia y Estados Unidos, esta vez bajo los gobiernos del presidente colombiano Gustavo Petro y el expresidente y actual candidato estadounidense Donald Trump. El Departamento de Estado de EE. UU. ordenó el retorno inmediato a Washington del embajador encargado en Colombia, John T. McNamara, quien había asumido funciones de forma interina tras la salida del embajador Philip Goldberg.
Aunque oficialmente se ha indicado que el retorno de McNamara es para participar en reuniones de alto nivel, fuentes diplomáticas señalan que la decisión responde a un deterioro en la relación bilateral, exacerbado por recientes declaraciones y posturas del presidente Petro que han sido percibidas como hostiles o incómodas en Washington. La situación se agrava en el contexto de la campaña electoral estadounidense, en la cual Petro ha hecho comentarios críticos hacia el posible regreso de Trump a la Casa Blanca, lo que ha generado malestar en sectores republicanos.
En los últimos meses, Petro ha cuestionado abiertamente la política antidrogas promovida históricamente por Estados Unidos en la región y ha buscado acercamientos a gobiernos como el de Venezuela, Cuba y Nicaragua, lo que ha generado incomodidad en la diplomacia estadounidense. Asimismo, sus recientes pronunciamientos sobre temas de política exterior estadounidense han sido calificados como injerencistas por algunos analistas.
Esta medida pone en pausa cualquier avance relevante en la relación diplomática entre Bogotá y Washington, al menos hasta que se aclare el futuro del embajador permanente y se redefinan los canales de comunicación entre ambos gobiernos. El retiro del embajador interino también evidencia la preocupación de Estados Unidos por el rumbo que está tomando la política exterior del Gobierno Petro, especialmente en un momento en que América Latina vuelve a cobrar importancia en la agenda geopolítica del país norteamericano.

