En medio de la creciente tensión internacional por la situación en Venezuela, el presidente Gustavo Petro salió en defensa del gobierno de Nicolás Maduro justo cuando Estados Unidos incrementó la presión con un despliegue militar en aguas del mar Caribe. Washington busca cercar al régimen venezolano, al que acusa de estar involucrado en actividades de narcotráfico y de liderar el llamado “Cartel de los Soles”.
Petro, en contravía de la postura estadounidense, negó la existencia de dicha organización y aseguró que lo que realmente opera en la región es una “junta del narcotráfico”, un entramado criminal transnacional que, según él, trasciende a un solo país. Con estas declaraciones, el mandatario colombiano reafirmó su respaldo político a Caracas, alineándose con la narrativa de Maduro y desestimando las acusaciones que pesan sobre altos mandos de la Fuerza Armada venezolana.
Este guiño a Maduro refuerza la cercanía diplomática entre Bogotá y Caracas, una relación que Petro ha buscado fortalecer desde su llegada al poder. Sin embargo, también agudiza las tensiones con Washington, que mantiene su estrategia de presión militar y sanciones como mecanismo para forzar cambios en el régimen venezolano. El episodio pone a Colombia en una posición delicada dentro del ajedrez geopolítico regional, pues mientras estrecha lazos con Venezuela, corre el riesgo de distanciarse de su principal socio comercial y estratégico en el hemisferio.
La coyuntura, además, se inscribe en un momento clave para la política interna de Petro, ya que sus posturas internacionales también impactan el debate electoral hacia 2026, donde la relación con Estados Unidos y el manejo de la crisis venezolana serán temas sensibles en la agenda pública.
