La concesión de la Autopista de Acceso Norte en Bogotá se ha convertido en un nuevo punto de confrontación entre el Gobierno del presidente Gustavo Petro y distintas entidades estatales. El proyecto, estructurado como una Alianza Público-Privada (APP), busca ampliar y modernizar uno de los corredores viales más importantes para la capital, pero ha estado en el centro de acusaciones y defensas que reflejan divisiones dentro de la misma administración.
La Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) defendió nuevamente la legalidad y transparencia del proceso de estructuración, asegurando que no se presentaron irregularidades en la adjudicación del contrato ni en los mecanismos de selección. Según la entidad, el proyecto cumple con los requisitos técnicos, financieros y jurídicos necesarios para garantizar una obra estratégica para la movilidad de millones de usuarios.
No obstante, la Secretaría de Transparencia de la Presidencia ratificó sus cuestionamientos y denuncias sobre presuntas inconsistencias en el proceso, insistiendo en que se deben revisar a fondo los términos de la APP y los intereses que habrían estado detrás de la adjudicación. Esta postura, que confronta directamente a la ANI, refleja la tensión interna en el Ejecutivo, pues mientras un sector respalda la ejecución del proyecto, otro mantiene dudas sobre su legitimidad.
El debate tiene repercusiones políticas y administrativas, ya que se trata de una obra clave para la movilidad en Bogotá y la región. Además, pone a prueba la capacidad del Gobierno para resolver discrepancias internas en torno a proyectos de infraestructura estratégica y envía señales al sector privado sobre el nivel de confianza en los procesos de concesión. La controversia podría incluso retrasar la ejecución de la obra si se decide abrir investigaciones más profundas.
