
El expresidente Álvaro Uribe Vélez mantiene su agenda de reuniones con los diferentes precandidatos presidenciales del Centro Democrático, como parte del proceso interno de selección del candidato que representará al partido en las elecciones de 2026. Esta semana sostuvo un encuentro con el abogado y aspirante Abelardo De la Espriella, en el que se dialogó sobre los retos de la colectividad y la importancia de consolidar una propuesta unificada de cara a la contienda electoral. Previamente, Uribe también se había reunido con la periodista y precandidata Vicky Dávila, ratificando así su compromiso de escuchar a todos los aspirantes del uribismo y garantizar un proceso transparente y ordenado. Estas conversaciones se enmarcan en los esfuerzos del expresidente por mantener la cohesión del partido, en un momento en el que las divisiones internas y el fortalecimiento de otras fuerzas políticas representan un desafío para el futuro del Centro Democrático.
Las recientes reuniones del expresidente Álvaro Uribe Vélez con los precandidatos del Centro Democrático revelan una estrategia clara: mantener su rol como figura cohesionadora dentro de un partido que atraviesa un momento de reacomodo. Si bien el uribismo conserva una base electoral sólida, enfrenta la fragmentación interna y la necesidad de renovarse frente a un panorama político donde la derecha busca reposicionarse de cara a las elecciones de 2026.
El encuentro con Abelardo De la Espriella, un candidato polémico pero con alto nivel de recordación mediática, muestra la apertura del partido a perfiles más disruptivos que apelan al discurso fuerte y a la confrontación directa. En contraste, la reunión con Vicky Dávila refleja el interés de dar cabida a voces con proyección desde la opinión pública, que podrían conectar con sectores inconformes tanto con el Gobierno de Petro como con la oposición tradicional.
Uribe, al recibirlos en paralelo, envía un mensaje de imparcialidad y continuidad en el proceso interno, tratando de blindar al Centro Democrático de fracturas que podrían debilitar su competitividad. Sin embargo, el reto será garantizar que estas aspiraciones no se conviertan en luchas intestinas que fragmenten aún más al uribismo.
En el escenario político actual, estas reuniones también buscan mostrar que el expresidente sigue siendo el gran elector y referente de la derecha en Colombia, aunque ya no con la misma fuerza hegemónica de años anteriores. El desafío será traducir ese capital político en un candidato viable que logre ampliar la base electoral del partido más allá del núcleo uribista.

