
La canciller Ángela Villavicencio completa un mes al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores y su gestión ya está marcada por tres controversias de alto impacto político y diplomático. Su llegada se dio en una coyuntura decisiva: se prevé que será la última persona en liderar esta cartera en el gobierno de Gustavo Petro, por lo que recae en ella la responsabilidad de cerrar procesos cruciales.
Uno de los principales desafíos es la definición del nuevo esquema de pasaportes, un tema sensible que ha generado disputas administrativas y críticas de distintos sectores por los retrasos y presuntas irregularidades en la adjudicación. A ello se suma la compleja relación con Estados Unidos, que atraviesa tensiones significativas tras la revocatoria de la visa al presidente Petro y los roces diplomáticos que esto ha provocado.
La tercera controversia tiene que ver con la reestructuración interna de la Cancillería, la cual enfrenta cuestionamientos por nombramientos, contrataciones y ajustes que, según opositores, evidencian improvisación en la conducción de la política exterior.
Villavicencio, pese a la presión mediática y política, ha defendido su papel asegurando que trabaja por consolidar los logros del “Gobierno del cambio” en el terreno internacional. Sin embargo, su primer mes evidencia que los retos de la diplomacia colombiana se concentran en áreas de alta sensibilidad política, administrativa y de relaciones internacionales.

