
En el Gobierno de Gustavo Petro se encendió un nuevo capítulo de tensiones internas, esta vez entre dos de los ministros más influyentes de su gabinete. La confrontación, que hasta hace poco se mantenía en el plano privado, ya trascendió al Congreso, en donde se discute uno de los proyectos más importantes de la agenda legislativa del presidente.
El choque entre estos “pesos pesados” refleja las divergencias sobre cómo conducir la estrategia política alrededor de las reformas, especialmente en un escenario en el que el oficialismo enfrenta resistencias tanto de la oposición como de sectores aliados. Petro, consciente de que las divisiones en su equipo pueden minar la viabilidad de su programa de Gobierno, habría llamado la atención a sus ministros para que las diferencias no se ventilen públicamente ni afecten la relación con el Legislativo.
Desde la Casa de Nariño, la instrucción es clara: mantener la cohesión del gabinete y girar la discusión hacia los objetivos centrales de las reformas, evitando que las disputas internas se conviertan en el foco del debate público. No obstante, el episodio revela la compleja dinámica política al interior del Gobierno y la dificultad de articular una estrategia unificada en torno a los proyectos que marcarán el legado de Petro.

