
El presidente Gustavo Petro desató una fuerte controversia diplomática tras anunciar la suspensión temporal de los acuerdos de cooperación en materia de inteligencia con Estados Unidos, como respuesta a los recientes bombardeos de embarcaciones en el Caribe por parte del gobierno de Donald Trump, quien volvió al poder en ese país. Petro calificó esas acciones como una “violación a los derechos humanos del pueblo caribeño” y sostuvo que Colombia no puede ser cómplice de operaciones que, según él, ponen en riesgo vidas civiles bajo el pretexto de combatir el narcotráfico.
El mandatario afirmó que la lucha antidrogas debe estar subordinada al respeto por la dignidad humana y la soberanía regional, señalando que la política militarizada impuesta durante décadas por Washington ha fracasado en reducir el tráfico de drogas y solo ha intensificado la violencia en las zonas costeras. En su discurso, Petro defendió la necesidad de replantear la cooperación internacional, apostando por estrategias sociales y ambientales que ataquen las raíces del narcotráfico y no se limiten a operaciones represivas.
Sin embargo, la decisión ha generado preocupación entre expertos en seguridad y miembros de la oposición, quienes advierten que romper los canales de intercambio de inteligencia podría debilitar la lucha contra el crimen transnacional y afectar la relación histórica entre Bogotá y Washington. Algunos sectores incluso acusaron al presidente de “jugar con fuego”, al poner en riesgo una alianza clave en temas de defensa, lucha antidrogas y control marítimo.
El gobierno estadounidense, por su parte, no ha emitido una respuesta oficial, pero fuentes diplomáticas citadas por medios internacionales señalaron que la medida fue recibida con sorpresa y que se espera una pronta revisión bilateral de los protocolos de cooperación. La tensión surge en un momento delicado para la región, cuando las rutas del narcotráfico y la seguridad marítima se han convertido nuevamente en temas centrales de la agenda hemisférica.

