
El reciente ajuste en las reglas internas para seleccionar al próximo candidato presidencial del Centro Democrático generó una oleada de interpretaciones y tensiones dentro y fuera del partido. Algunos sectores políticos sugirieron que esta modificación abría la puerta para que Álvaro Uribe Vélez, fundador y líder natural del uribismo, terminara teniendo la última palabra en la designación de la “ficha presidencial” de la colectividad, incluso permitiendo la entrada de aspirantes externos que no han hecho carrera dentro del partido.
Frente a este escenario, los precandidatos y voceros del Centro Democrático respondieron con firmeza para disipar cualquier rumor sobre una “dedocracia” o una selección a conveniencia. Desde la dirigencia se insistió en que, aunque Uribe continúa siendo una figura influyente y consultada, el proceso se mantiene bajo criterios institucionales y participativos, con mecanismos claros que buscan blindar la decisión de cualquier señalamiento de favoritismo.
Los aspirantes recalcaron que el ajuste normativo no implica que Uribe elija al candidato, sino que moderniza y ordena el procedimiento, permitiendo una competencia abierta entre quienes ya han manifestado interés en la contienda interna. Además, descartaron que el partido esté preparando el terreno para candidatos externos, y señalaron que la prioridad es fortalecer la unidad del uribismo de cara a las elecciones de 2026.
En medio de un panorama de reacomodos en la derecha y crecientes presiones por consolidar una alternativa fuerte frente al petrismo, el Centro Democrático busca enviar un mensaje de coherencia y transparencia. La discusión no solo revela las tensiones internas, sino también la importancia del liderazgo de Uribe, cuya influencia sigue siendo determinante, aunque —según el partido— no en la forma de una designación directa del candidato presidencial.

