Los expresidentes Álvaro Uribe y Germán Vargas Lleras, figuras centrales del Centro Democrático y Cambio Radical, respectivamente, lanzaron un llamado urgente a la unidad política entre sus partidos de cara a las elecciones presidenciales de 2026, preocupados por las disputas internas que amenazan la construcción de una alianza sólida.
Desde Medellín, Uribe enfatizó la necesidad de definir cuanto antes un mecanismo de selección de precandidatos dentro de su partido, proponiendo evitar “discusión pública” entre quienes aspiran a la presidencia. Para él, no basta con que haya candidatos fuertes: esos aspirantes deben comprometerse con el partido en su conjunto, tanto en lo electoral como en lo congresional, actuando como “voceros para la definición de coaliciones”.
Por su parte, Vargas Lleras advirtió que la multiplicidad de candidaturas y la falta de compromiso para construir alianzas reales pueden hundir no solo la unidad sino cualquier posibilidad de coalición. En su columna dominical, sostuvo que hay un “espejismo de que ‘todos pueden ganar’” y lamentó la ausencia de “un mecanismo efectivo” para consolidar una candidatura conjunta. Según él, el partido debe reconocer que, sin una coalición, las aspiraciones fragmentadas de la derecha podrían entregar ventaja al gobierno y sus aliados.
Para resolver el problema, el Centro Democrático ha propuesto un mecanismo mixto para elegir su precandidato presidencial, según Valentín Gabriel Vallejo, director de la colectividad: la propuesta incluye una encuesta nacional, un estudio digital cerrado y la convocatoria de un “colegio electoral” que incluya bases del partido (jóvenes, mujeres, corporados) con ponderaciones para definir quién será su representante. Además, se plantea la conformación de un comité independiente de garantías, con personas reconocidas por su rigor moral, académico y ético, con el fin de dar mayor legitimidad y transparencia al proceso.
En Cambio Radical, el mensaje es más directo: sin sacrificios personales o renuncias a ciertas ambiciones, el exvicepresidente cree que no se logrará la coalición que necesita la oposición para enfrentar con fuerza al petrismo en las urnas.
Esta tensión llega en un momento clave: según fuentes, ambos partidos ya han discutido convocar una gran cumbre de la oposición para definir una estrategia común para 2026. El objetivo sería consolidar un bloque que no solo enfrente al Gobierno actual, sino que también proyecte un proyecto “de base democrática” y con participación ciudadana, no solo acuerdos de cúpula o repartos burocráticos.
No obstante, el optimismo está matizado: mientras algunos líderes insisten en la idea de una alianza amplia y popular, otros precandidatos parecen más interesados en continuar su carrera individual. Vargas Lleras lamenta que algunos de sus colegas de la oposición no estén dispuestos a renunciar a su empeño personal por una causa común.
En síntesis, Uribe y Vargas Lleras coinciden en que la fragmentación es un problema grave y que la derecha y la centroderecha deben cerrar filas si quieren tener una alternativa competitiva en 2026. Pero para que eso suceda, hace falta más que palabras: necesitan estructurar mecanismos claros, confiables y democráticos para elegir sus líderes, comprometer a su base y superar discrepancias internas profundas.
