
El Pacto Histórico ha dado un paso decisivo en las elecciones atípicas para la Gobernación del Magdalena, convocadas para el 23 de noviembre de 2025, al anunciar oficialmente su respaldo al candidato Rafael Noya García, miembro del movimiento “En el Magdalena Cabemos Todos”.
Este apoyo formal marca una ruptura simbólica —y política— con el líder regional Carlos Caicedo, fundador de Fuerza Ciudadana, pues la colectividad progresista se distancia del caicedismo y opta por poner su ficha en Noya, aprovechando el momento de reacomodo ideológico en la izquierda del departamento.
En el comunicado oficial, el Pacto Histórico argumenta que la plataforma de Noya está alineada con el Plan Nacional de Desarrollo “Colombia, Potencia Mundial de la Vida”, impulsado por el presidente Gustavo Petro. Según la coalición, la candidatura de Noya representa una oportunidad para impulsar reformas sociales profundas, fortalecer la justicia, promover la paz territorial y atender necesidades históricas como la pobreza, la infraestructura vial y el acceso a servicios básicos en el Magdalena.
El Pacto Histórico también dejó claro que este respaldo no implica alianzas automáticas con otros sectores políticos opositores al gobierno nacional, ya que su apoyo a Noya obedece a una afinidad programática, no necesariamente a acuerdos de poder tradicionales.
Además, desde la colectividad se hace un llamado a la ciudadanía del Magdalena para que participe activamente en los comicios atípicos y promueva una contienda electoral transparente, ordenada y democrática.
Sin embargo, este respaldo no está exento de controversia interna. En el Pacto Histórico han surgido críticas desde otros movimientos que integran la coalición progresista, como el Polo Democrático Alternativo y Colombia Humana, que cuestionan que la candidatura de Noya no habría sido fruto de un consenso amplio.
El distanciamiento también refleja el desgaste del caicedismo en la región: según analistas, el reordenamiento del progresismo en el Magdalena da pistas sobre una posible renovación de liderazgo con miras a mantener la influencia de la izquierda en la costa Caribe.
En síntesis, el respaldo del Pacto Histórico a Noya es tanto una apuesta estratégica como simbólica: busca proyectar un modelo de gobierno progresista en el Magdalena alineado con los ideales del Ejecutivo nacional, al tiempo que marca una fractura con las estructuras políticas locales asociadas a Caicedo. Este movimiento podría redefinir el mapa de poder en la izquierda caribeña y sentar las bases para futuros arreglos políticos hacia 2026.

