El Partido Conservador realizó una importante reunión estratégica convocada por la directora nacional, Nadia Blel, para delinear el rumbo electoral de cara al 2026. Sin embargo, el encuentro estuvo marcado por un hecho político de alto simbolismo: la ausencia del senador Efraín Cepeda, una de las figuras históricas y de mayor peso dentro de la colectividad. Su no asistencia generó comentarios internos y dejó entrever las tensiones y diferencias que atraviesa hoy el conservatismo.
Durante la sesión, la dirigencia y varios congresistas acordaron de manera unánime que el partido tendrá candidato propio para participar en la consulta interpartidista de marzo, un escenario en el que diversas fuerzas de la centroderecha y sectores afines buscarán medir fuerzas y definir una carta presidencial competitiva para enfrentar las elecciones de 2026. La decisión pretende reafirmar la autonomía del conservatismo, evitar diluir su identidad en alianzas improvisadas y proyectar una imagen de cohesión en medio del reacomodo político nacional.
Aunque Blel centró el encuentro en la necesidad de modernizar el discurso, fortalecer la estructura territorial y mantener una posición clara frente a los debates nacionales, la ausencia de Cepeda evidenció que todavía existen discrepancias respecto a la conducción del partido y a la manera como se están tomando las decisiones estratégicas. Algunos sectores interpretaron su inasistencia como un mensaje político, mientras otros restaron importancia al episodio, insistiendo en que el conservatismo está concentrado en consolidar una propuesta seria y con vocación de poder.
En todo caso, la reunión dejó claro que el partido se prepara para jugar un rol activo en la contienda del próximo año. Con la determinación de presentar un aspirante en la consulta de marzo y con la intención de reforzar su maquinaria electoral, los conservadores buscan reposicionarse como un actor determinante en el mapa político y participar con fuerza en la definición del liderazgo opositor para 2026.
