El empresario catalán Manuel Grau, figura poco conocida en la opinión pública colombiana, ha comenzado a llamar la atención por su presencia recurrente en actividades y viajes asociados al Gobierno de Gustavo Petro. Su nombre tomó mayor relevancia luego de ser visto junto a Verónica Alcocer durante la visita oficial a Suecia, un país en el que ambos coincidieron en diversos momentos del itinerario y donde quedó en evidencia la cercanía que mantienen desde hace varios años.
Aunque Grau no ocupa ningún cargo formal dentro de la administración, su presencia se ha hecho visible en escenarios diplomáticos y en varias de las comitivas internacionales en las que ha participado la primera dama. Durante los dos primeros años del gobierno, el empresario acompañó delegaciones oficiales en Italia y Venezuela, viajes en los que, según fuentes de alto nivel, se movió con facilidad entre reuniones, actos culturales y eventos protocolarios sin tener un rol público claramente definido.
La relación entre Grau y Alcocer, descrita como una amistad consolidada, ha despertado interrogantes sobre la naturaleza de su participación en estos desplazamientos y el tipo de influencia que podría ejercer en círculos cercanos al poder. Si bien desde el Ejecutivo no se ha atribuido a Grau ningún tipo de función gubernamental, su presencia constante en giras internacionales revela un nivel de acceso privilegiado a espacios diplomáticos y políticos.
Este patrón alimenta un debate creciente sobre el rol de actores informales que, sin ocupar cargos oficiales, logran insertarse en dinámicas del gobierno nacional, especialmente en entornos sensibles como las misiones al exterior. En el caso de Manuel Grau, su rastro en la administración Petro deja más preguntas que respuestas y abre un nuevo capítulo de escrutinio sobre la gestión de acompañantes y asesores no oficiales en la agenda presidencial.
