
El Centro Democrático dio un paso definitivo en la organización de su proceso interno de selección presidencial al anunciar cuáles serán las encuestadoras encargadas de medir a los aspirantes del partido. La decisión llega en medio de tensiones, divisiones y choques públicos entre precandidatos y dirigentes, que han marcado la preparación del uribismo de cara a las elecciones de 2026. Con la definición de estas firmas especializadas —cuyos nombres serán presentados como garantía de transparencia y neutralidad— la colectividad busca reforzar un mecanismo que considera crucial para recuperar cohesión y proyectar una candidatura competitiva en el escenario nacional.
El proceso, que culminará con una consulta interpartidista en marzo del próximo año, entra así en una fase técnica y política clave: las encuestas servirán para depurar la lista de aspirantes, medir su favorabilidad territorial, evaluar su reconocimiento público y establecer quiénes estarán habilitados para disputar la nominación. Dentro del partido, la movida se interpreta como un intento de ordenar una competencia interna que se había desbordado en tensiones por reglas, protagonismos y estrategias de campaña.
La dirigencia uribista confía en que este método permita reducir el ruido interno, legitimar al ganador y enviarlo fortalecido a la contienda presidencial. Sin embargo, varios sectores mantienen reservas sobre la transparencia, la influencia de los liderazgos regionales y el papel que jugará el expresidente Álvaro Uribe en la decisión final. Con todo, la definición de las encuestadoras marca el inicio formal de una carrera que será determinante para el futuro del partido en un escenario electoral cada vez más fragmentado y disputado.

