
El Centro Democrático atraviesa un momento clave en la definición de su estrategia electoral de cara a las elecciones presidenciales de 2026. La senadora Paloma Valencia, una de las principales cartas del uribismo, y el expresidente Álvaro Uribe Vélez evalúan si el partido participará en las consultas interpartidistas previstas para marzo, una decisión que marcará el rumbo de la colectividad y su relación con otros sectores de la oposición. La discusión se da en medio de invitaciones formales para que Valencia se sume a la denominada “Gran Coalición por Colombia”, un espacio que busca aglutinar fuerzas políticas con una agenda común.
Paloma Valencia ha manifestado disposición a participar en escenarios de consulta siempre que estos se desarrollen bajo reglas claras, equitativas y con un proyecto político coherente. Para la senadora, la unidad de la oposición es fundamental para enfrentar al petrismo, pero esa convergencia no puede diluir la identidad ideológica ni el liderazgo del Centro Democrático. En ese sentido, ha reiterado que cualquier decisión será adoptada de manera colectiva y con el aval del expresidente Uribe, máximo referente del partido.
Álvaro Uribe, por su parte, mantiene un papel determinante en la definición de la estrategia. Aunque ha promovido históricamente la unidad de sectores afines en torno a la seguridad, la legalidad y la economía, también ha sido cauteloso frente a consultas que, a su juicio, puedan debilitar al partido o someterlo a dinámicas que no controla plenamente. Su respaldo a Paloma Valencia es claro, pero la decisión final sobre entrar o no a una consulta en marzo dependerá de si el mecanismo fortalece al uribismo y amplía su base electoral.
Desde la “Gran Coalición por Colombia” el mensaje ha sido de apertura y expectativa. Sus promotores consideran que la participación del Centro Democrático y de una figura como Valencia daría mayor peso político a la consulta y ayudaría a consolidar una alternativa competitiva frente al oficialismo. En ese escenario, Valencia ha señalado que, de concretarse una alianza bajo condiciones satisfactorias, el respaldo del partido sería total y se daría “con todo el entusiasmo”, enfatizando la necesidad de una oposición unida y organizada.
La definición que adopten Valencia y Uribe en las próximas semanas será determinante para el mapa político de la derecha y el centro-derecha. Entrar a una consulta podría significar un paso hacia la unidad opositora y la ampliación del electorado, mientras que mantenerse por fuera preservaría la autonomía del Centro Democrático, pero con el riesgo de fragmentar fuerzas. En cualquier caso, la decisión marcará el inicio formal de la carrera presidencial y perfilará el rol del uribismo en la contienda de 2026.

