
La intención del presidente Gustavo Petro de declarar una nueva emergencia económica y la autorización para realizar una operación con Títulos de Tesorería (TES) por cerca de 23 billones de pesos han generado una fuerte controversia política y encendido las alarmas en distintos sectores del país. La discusión no solo se centra en el alcance fiscal y jurídico de estas decisiones, sino también en sus posibles efectos sobre el escenario electoral, en un momento clave para la definición de candidaturas y alianzas rumbo a las elecciones de 2026.
Desde el Gobierno, la eventual declaratoria de emergencia se justifica como una herramienta necesaria para atender urgencias estructurales del Estado, acelerar la ejecución de recursos y sortear bloqueos legislativos que, según el Ejecutivo, han impedido avanzar en reformas prioritarias. En este marco, la operación con TES aparece como un mecanismo para obtener liquidez inmediata y cubrir compromisos financieros, en medio de presiones fiscales y una compleja coyuntura económica.
Sin embargo, la oposición y varios analistas han advertido que la combinación de una emergencia económica con una operación de deuda de gran magnitud podría interpretarse como un intento de concentrar poder y eludir los controles del Congreso. Para estos sectores, el uso de facultades extraordinarias en un contexto preelectoral despierta sospechas sobre un eventual aprovechamiento político de los recursos públicos, lo que podría inclinar la balanza a favor del oficialismo en la contienda que se avecina.
Las críticas también han llegado desde expertos en finanzas públicas y exfuncionarios, quienes alertan sobre los riesgos que implica ampliar el endeudamiento mediante TES sin una estrategia clara de sostenibilidad fiscal. Señalan que, si bien este tipo de instrumentos es común en la administración del Estado, su uso masivo y acelerado podría enviar señales negativas a los mercados, afectar la confianza de los inversionistas y presionar las tasas de interés.
En paralelo, el debate jurídico ha cobrado fuerza. Constitucionalistas recuerdan que la figura de la emergencia económica debe cumplir estrictos requisitos de excepcionalidad, temporalidad y conexidad, y advierten que una declaratoria mal sustentada podría terminar siendo tumbada por la Corte Constitucional, lo que abriría un nuevo frente de confrontación institucional para el Gobierno.
Así, la tensión alrededor de la emergencia económica y la operación de TES trasciende lo técnico y se instala de lleno en el terreno político. Para el petrismo, se trata de decisiones necesarias para gobernar en medio de resistencias; para sus críticos, de movimientos arriesgados que podrían alterar el equilibrio democrático y fiscal del país. En cualquier caso, el episodio confirma que la economía se ha convertido en uno de los principales campos de batalla de la campaña que ya empieza a tomar forma.

