
El sector progresista colombiano dio un paso decisivo en su reordenamiento político con el anuncio de una consulta interna que se realizará en marzo, bautizada como “Pacto Amplio”, liderada por Iván Cepeda, Roy Barreras y Camilo Romero. La iniciativa busca definir una candidatura única que represente la continuidad del proyecto político que hoy gobierna el país, con el respaldo explícito del presidente Gustavo Petro, quien ha alentado la unidad como condición clave para competir con fuerza en el escenario electoral de 2026.
La consulta se plantea como un mecanismo para resolver diferencias internas, ampliar el espectro de apoyos y enviar una señal de cohesión tras meses de tensiones dentro del progresismo. Cepeda, Barreras y Romero representan corrientes distintas —desde la izquierda histórica hasta sectores más pragmáticos del centro-izquierda—, pero coinciden en la necesidad de evitar la fragmentación y de construir una propuesta común que defienda las reformas impulsadas por el actual Gobierno, en especial en lo social, lo económico y lo institucional.
El respaldo de Petro es un factor determinante. Aunque el presidente no participa formalmente en la contienda, su aval político fortalece la iniciativa y la convierte en el eje alrededor del cual podrían alinearse otros liderazgos y movimientos afines. En la práctica, el “Pacto Amplio” funciona como una plataforma para sostener el legado del petrismo, blindarlo frente a la oposición y ofrecer una ruta de continuidad que se legitime en las urnas mediante una consulta abierta.
De cara a lo que viene, el reto inmediato será ampliar la coalición. Los promotores de la consulta han dejado claro que el espacio está abierto para que otros sectores progresistas y aliados estratégicos se sumen, siempre que acepten las reglas del juego y el mecanismo de selección. También deberán definir un programa común que trascienda los nombres y se concentre en una narrativa de resultados, gobernabilidad y estabilidad política, en un contexto marcado por el desgaste propio del ejercicio del poder.
En paralelo, el anuncio reconfigura el tablero político. Mientras la oposición avanza en conversaciones para consultas y coaliciones propias, el progresismo busca adelantarse con una señal de orden interno y previsión estratégica. La consulta de marzo será, así, una prueba clave: no solo medirá fuerzas entre sus protagonistas, sino que mostrará si el proyecto de continuidad logra convocar más allá de su base tradicional y convertirse en una opción competitiva para la próxima contienda presidencial.

