
María Paz Gaviria, candidata al Senado por el Partido Liberal, expuso una visión crítica y alternativa sobre la construcción de la paz en Colombia, al afirmar que esta no puede reducirse a decretos, normas o políticas públicas diseñadas desde los escritorios del poder. Para ella, la paz es un proceso profundamente cultural que se construye en la vida cotidiana, en las relaciones sociales y en la forma en que las comunidades aprenden a tramitar sus conflictos, reconocerse y convivir en la diferencia. Desde esta perspectiva, sostuvo que el Estado tiene un papel importante, pero no exclusivo, y que sin transformaciones sociales y culturales de fondo, cualquier política corre el riesgo de quedarse en el papel.
Gaviria explicó que su interés por llegar al Congreso está motivado por la necesidad de ampliar el debate legislativo hacia dimensiones que históricamente han sido relegadas, como la cultura, el arte, la educación y la memoria, áreas que considera esenciales para sanar las fracturas sociales que ha dejado el conflicto armado. En su criterio, hablar de paz sin invertir de manera decidida en estos campos es desconocer que la violencia también se reproduce a través de imaginarios, lenguajes y prácticas normalizadas en la sociedad colombiana.
La candidata liberal señaló que su proyecto político busca conectar el trabajo legislativo con procesos ciudadanos y comunitarios, evitando una visión tecnocrática o distante de la realidad. Aseguró que quiere representar a sectores que no se sienten identificados con la política tradicional y que ven el Congreso como un espacio desconectado de los problemas reales del país. En ese sentido, enfatizó que su llegada a la política no responde a una carrera burocrática, sino a la convicción de que es posible hacer política desde la ética, la coherencia y el diálogo.
Gaviria también fue crítica frente a varias prácticas habituales dentro del Congreso que, según dijo, no la representan ni coinciden con la forma en que entiende el servicio público. Cuestionó las dinámicas de confrontación permanente, los cálculos electorales que priman sobre el interés general y las lógicas de poder que terminan debilitando la confianza ciudadana en las instituciones. Para ella, estas conductas han contribuido a alejar a la ciudadanía de la política y a profundizar el desencanto con la democracia.
Finalmente, la candidata sostuvo que su apuesta es contribuir a una renovación de la política desde adentro, promoviendo debates más profundos y menos polarizados, y defendiendo una agenda que ponga en el centro la dignidad humana, la diversidad y la construcción de paz como un proceso colectivo y de largo plazo. En su visión, el Senado debe ser un escenario donde no solo se tramiten leyes, sino donde también se ayude a transformar la manera en que el país se piensa a sí mismo y enfrenta sus conflictos históricos.

