
Bogotá, 8 de febrero de 2026 — A menos de un mes de las consultas interpartidistas del 8 de marzo, el proceso que busca definir precandidatos presidenciales en varios sectores políticos se desarrolla en un clima de alta tensión, marcado por una falta de claridad normativa y numerosas controversias internas, según un análisis publicado por El Espectador.
La consulta, concebida como un mecanismo para consolidar candidaturas antes de la primera vuelta presidencial de mayo de 2026, enfrenta múltiples desafíos: desde disputas sobre la participación de aspirantes hasta dudas sobre las reglas de juego que regirán la jornada en la que los votantes definirán quiénes encabezan las opciones políticas.
Un proceso sin reglas claras
El cronograma electoral impone plazos muy ajustados para la definición de candidaturas, la inscripción de aspirantes y la formalización de listas, pero fuentes consultadas por El Espectador señalan que hay incertidumbre sobre el marco normativo que se aplica a estas consultas. El artículo advierte que la ausencia de criterios definidos para resolver controversias, como las que han rodeado a figuras como Iván Cepeda o Camilo Romero, ha dejado al CNE y a los votantes sin un punto de referencia firme.
La falta de claridad se ha traducido en improvisación y en decisiones judiciales o administrativas tomadas “en caliente”, según analistas políticos. Por ejemplo, la exclusión de algunos precandidatos por parte del Consejo Nacional Electoral (CNE) ha generado recursos, recusaciones y debates sobre si las interpretaciones del organismo se ajustan o no al espíritu de la ley electoral.
Controversias y divisiones internas
El desarrollo de las consultas ha estado marcado por tensiones internas dentro de los bloques políticos. En la izquierda, divisiones abiertas entre distintos aspirantes y la salida de varios precandidatos —junto con la negativa de otros de participar en la consulta— reflejan una falta de cohesión que complica la presentación de un frente unitario rumbo a las elecciones. En otras coaliciones también se han visto disputas por la participación y el impacto de las consultas como mecanismo de legitimación política.
Analistas citados por El Espectador han señalado que la improvisación y la percepción de ausencia de reglas claras pueden erosionar la confianza ciudadana en este tipo de mecanismos participativos, especialmente si los conflictos terminan en impugnaciones u otros instrumentos jurídicos que prolongan el proceso y lo alejan de su función original.
¿Qué viene para marzo?
Con la proximidad de la fecha de las consultas, los distintos sectores políticos y las organizaciones electorales deberán ajustar sus estrategias para responder tanto a los retos logísticos como a las controversias jurídicas que han surgido. La incertidumbre normativa también plantea retos para el trabajo de pedagogía electoral, pues los votantes requieren información clara sobre cómo participar, cómo se consolidarán los resultados y qué impacto tendrán dichos resultados en el ciclo electoral más amplio.
La falta de claridad y los debates alrededor de reglas, exclusiones y estrategias no sólo configuran un clima de tensión para las consultas del 8 de marzo, sino que también proyectan un escenario competitivo y fragmentado de cara a las elecciones presidenciales de 2026, donde la consolidación de liderazgos dependerá tanto del desempeño en las consultas como de la capacidad de las campañas para interpretar y responder a un proceso que hasta ahora ha estado lejos de ser uniforme y predecible.

