
El análisis del Plan Financiero presentado por el Ministerio de Hacienda muestra varias señales de alerta sobre el estado de las finanzas públicas que el gobierno de Gustavo Petro dejaría al próximo mandatario, según una revisión del documento realizada por La Silla Vacía.
El Plan Financiero es el documento con el que cada año el Ministerio de Hacienda presenta sus proyecciones sobre el comportamiento de la economía y las cuentas del Estado, incluyendo crecimiento, inflación, ingresos, gastos y deuda pública.
Uno de los puntos que más llama la atención es la proyección de inflación. Mientras el gobierno ha defendido que la inflación seguirá bajando, el propio documento estima que en 2026 sería de 5,8 %, por encima del 5,1 % proyectado para 2025, lo que contradice el discurso oficial sobre una reducción sostenida de los precios.
El informe también evidencia un aumento del gasto público. La diferencia entre ingresos y gastos sin contar el pago de intereses —conocida como déficit primario— pasó de 2,4 % a 3,5 % del Producto Interno Bruto, lo que indica que el Estado está gastando más de lo que recauda.
Aunque el déficit total del gobierno central parece disminuir, pasando de 7,1 % a 6,4 % del PIB, esta reducción no se explica por una mejora en las cuentas públicas. Según el análisis, se debe principalmente a que en los últimos años el gobierno ha pagado menos intereses de deuda, una situación que podría traducirse en mayores pagos en el futuro.
De hecho, las proyecciones indican que esta estrategia podría generar hasta 700 billones de pesos adicionales en intereses durante los próximos 30 años, lo que trasladaría parte del costo de la deuda a las próximas administraciones.
Otro de los puntos críticos es el recaudo tributario. Hacienda había proyectado ingresos equivalentes al 17 % del PIB, pero finalmente el recaudo fue de 16,3 %, una diferencia que contribuyó a ampliar el déficit fiscal.
El documento también revela que parte de los nuevos préstamos del gobierno no se están destinando directamente a financiar gasto, sino a operaciones de manejo de deuda, es decir, cambiar obligaciones que vencen pronto por deuda con plazos más largos, un mecanismo similar a refinanciar una tarjeta de crédito. Las comisiones pagadas a los bancos por estas operaciones pasaron de 8 billones a 18 billones de pesos.
Finalmente, aunque la deuda neta del gobierno muestra una leve reducción como porcentaje del PIB, la deuda bruta —que incluye todas las obligaciones del Estado— alcanzó 64,7 % del PIB, el segundo nivel más alto de la historia, solo superado por el 65 % registrado durante la pandemia.

