
La eventual consulta presidencial de la derecha y la centroderecha para definir un candidato único sigue formalmente en pie, pero atraviesa un momento de incertidumbre política que pone en duda su viabilidad real. Aunque el mecanismo fue planteado como una vía para ordenar la dispersión de liderazgos y fortalecer una candidatura competitiva de cara a las elecciones de 2026, las señales que envían varios actores clave revelan fisuras estratégicas y desacuerdos de fondo.
Hasta ahora, cinco precandidatos han confirmado su disposición a someterse a una consulta interpartidista, lo que en principio mantiene vivo el proyecto. Sin embargo, el número, aunque significativo, no resulta suficiente para consolidar una coalición robusta que represente de manera amplia a la derecha y la centroderecha. A esto se suma el hecho de que algunos nombres con reconocimiento nacional han optado por marginarse del proceso, debilitando su capacidad de convocatoria.
El caso más sensible es el del Centro Democrático. Si bien el partido manifestó inicialmente su interés en participar en la consulta, en las últimas semanas ha dejado abierta la posibilidad de no hacerlo. La colectividad evalúa alternativas como una encuesta interna o un mecanismo propio de selección, argumentando preocupaciones sobre la dispersión del voto, las reglas de juego y el riesgo de diluir su identidad política. Esta indefinición resulta clave, dado que el Centro Democrático sigue siendo una de las fuerzas más estructuradas del espectro opositor.
En paralelo, dos figuras que podrían haber ampliado el alcance del bloque ya marcaron distancia. Sergio Fajardo descartó de manera clara su participación, ratificando su intención de mantenerse en un proyecto independiente y ajeno a las lógicas de la derecha tradicional. Por su parte, Abelardo de la Espriella también dijo no, cerrando la puerta a un escenario que, en su criterio, no garantiza cohesión ni claridad programática.
El panorama, así, muestra una consulta que existe más como idea que como realidad consolidada. Aunque no está descartada y aún cuenta con precandidatos dispuestos a competir, su éxito dependerá de decisiones inminentes: la postura definitiva del Centro Democrático, la posibilidad de sumar nuevos nombres y la definición de reglas claras que generen confianza entre los participantes. Mientras tanto, la derecha y la centroderecha continúan debatiéndose entre la unidad deseada y la fragmentación que, una vez más, amenaza con marcar su camino electoral.

