
Un nuevo frente de tensión interna amenaza con golpear al Pacto Histórico en Bogotá, esta vez por cuenta de una disputa que ya llegó al Consejo Nacional Electoral (CNE) y que podría derivar en la caída de la lista a la Cámara de Representantes por la capital. El proceso se origina en cuestionamientos sobre el cumplimiento de los acuerdos políticos y organizativos que dieron forma a la plancha, en particular aquellos relacionados con la concertación entre las distintas fuerzas que integran la coalición oficialista.
En el centro de la controversia aparece la representante María del Mar Pizarro, figura visible del Pacto Histórico y heredera de un importante capital simbólico dentro de la izquierda. Sectores del propio movimiento sostienen que, durante la conformación de la lista, no se respetaron los pactos previamente establecidos para garantizar una representación equilibrada de los partidos, movimientos y liderazgos que hacen parte de la coalición. Según los reclamantes, esos acuerdos eran clave para asegurar transparencia, equidad interna y reglas claras en la definición de los nombres y los lugares en la lista.
Las quejas elevadas ante el CNE apuntan a presuntas irregularidades en el procedimiento de inscripción, lo que abre la puerta a sanciones que van desde correcciones formales hasta una eventual anulación de la lista, un escenario que tendría profundas consecuencias políticas y electorales para el oficialismo en Bogotá. De prosperar las reclamaciones, el Pacto Histórico no solo perdería una plataforma clave en la capital, sino que también quedaría expuesto a un desgaste interno en un momento en el que la cohesión resulta determinante de cara al ciclo electoral que se avecina.
Más allá del impacto jurídico, el caso refleja tensiones más amplias dentro del Pacto Histórico, donde conviven distintos proyectos políticos, liderazgos y corrientes ideológicas que no siempre logran tramitar sus diferencias de manera armónica. La disputa revela fisuras sobre cómo se toman las decisiones, quién ejerce el liderazgo real y hasta qué punto se respetan los consensos internos, asuntos que ya han generado roces en otros escenarios del Congreso y de la política nacional.
Mientras el CNE estudia el caso y define si hubo o no incumplimientos sustanciales, el episodio se convierte en una señal de alerta para la coalición de gobierno. No solo está en juego la suerte de una lista clave en Bogotá, sino también la credibilidad del Pacto Histórico como proyecto unitario capaz de resolver sus conflictos sin poner en riesgo su viabilidad electoral y su discurso de renovación política.

