
En los últimos días, el panorama político colombiano de cara a las elecciones presidenciales de 2026 ha experimentado una sacudida significativa: las divisiones en la centro-derecha han provocado una reconfiguración de las alianzas que podrían definir las coaliciones clave. Por un lado, la Fuerza de las Regiones, la coalición conformada por exgobernadores y liderazgos territoriales, ha perdido su dinámica de competencia interna y terminó consolidando a Aníbal Gaviria como candidato presidencial único, tras las salidas de Juan Carlos Cárdenas y otras figuras. Por otro lado, Mauricio Lizcano, quien había impulsado la coalición Alma, se distancia aún más de los extremos ideológicos para fortalecer un proyecto moderado de centro, reafirmando su compromiso con esa alianza y descartando su participación en procesos polarizados como la consulta del Frente Amplio.
La disolución de la contienda interna en la Fuerza de las Regiones responde a una serie de renuncias: Héctor Olimpo Espinosa fue excluido luego de tensiones sobre el método para escoger candidato, mientras que Zuluaga y Cárdenas decidieron retirarse. Con ello, Gaviria, exgobernador de Antioquia, asume la candidatura sin rivales en esa coalición, lo que podría darle una ventaja importante para consolidar su proyección en la consulta interpartidista prevista para marzo.
En paralelo, Alma —denominada “Alianza por la Libertad, la Moral y la Acción”— ha irrumpido con fuerza. Más de 40 partidos y movimientos políticos se han unido bajo esta coalición de centro, con un énfasis marcado en valores familiares y la protección de los niños. Lizcano, exministro de las TIC, reafirma su candidatura presidencial dentro de ese marco centrado, asegurando que su apuesta no es con las viejas batallas entre izquierda y derecha, sino por un “sentido común” que promueva el diálogo y la eficiencia.
Además, Lizcano ha declarado que, aunque su campaña ya cuenta con un millón de firmas recolectadas para aspirar por firmas, su intención es también explorar una consulta interpartidista en marzo dentro de Alma para definir un candidato unificado. Con esta jugada, busca consolidar una alternativa moderada que pueda disputar al petrismo sin recurrir a las polarizaciones tradicionales.
Detrás de estos movimientos no solo hay ambiciones presidenciales, sino también estrategias electorales para las listas al Congreso. Alma proyecta presentar una bancada significativa, y su plataforma pone el foco en la “defensa integral” de la familia y la niñez como ejes centrales de su proyecto político.
En síntesis, las divisiones recientes en la centro-derecha —especialmente la fractura de la Fuerza de las Regiones y el fortalecimiento de la coalición Alma— reordenan el ajedrez electoral. La consolidación de Gaviria y la apuesta de Lizcano por la moderación podrían redefinir no solo los candidatos presidenciales, sino también las dinámicas legislativas y de alianzas hacia los comicios de 2026.

