
Ante la intensificación de acciones militares en Venezuela y el creciente riesgo de una escalada regional, los gobiernos de Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España emitieron un comunicado conjunto en el que reiteran su llamado firme a una salida pacífica, negociada y democrática a la crisis venezolana. La declaración subraya la preocupación compartida por el deterioro de la estabilidad política y humanitaria del país vecino, así como por las consecuencias que un conflicto armado tendría para América Latina y el orden internacional.
En el documento, los seis países reafirmaron su apego irrestricto a los principios de la Carta de las Naciones Unidas, en particular el respeto a la soberanía, la autodeterminación de los pueblos, la solución pacífica de controversias y la prohibición del uso de la fuerza. Estos lineamientos, señalaron, deben ser la base de cualquier acción diplomática o política relacionada con Venezuela, especialmente en un contexto marcado por presiones externas y movimientos militares que elevan la tensión.
Colombia, que comparte más de 2.200 kilómetros de frontera con Venezuela y ha sido uno de los países más impactados por la migración masiva y los efectos colaterales del conflicto, respaldó la iniciativa como parte de su estrategia de contención regional y diplomacia activa. El Gobierno colombiano insistió en que una confrontación armada no solo agravaría la crisis humanitaria, sino que desestabilizaría aún más la seguridad fronteriza y el equilibrio político del continente.
El pronunciamiento conjunto también hace énfasis en la urgencia de proteger a la población civil, garantizar corredores humanitarios y promover mecanismos de diálogo creíbles que permitan una transición pacífica. Los países firmantes coincidieron en que cualquier solución duradera debe surgir del consenso, la mediación internacional y el respeto al derecho internacional, descartando salidas impuestas por la fuerza.
Con este mensaje, el bloque busca enviar una señal clara a la comunidad internacional: la crisis venezolana requiere liderazgo diplomático, responsabilidad política y compromiso multilateral, no una profundización del conflicto. La declaración se posiciona así como un intento de frenar la escalada militar y reencauzar el debate hacia escenarios de negociación que eviten un impacto mayor en la región.

