
A pocos meses de que arranque formalmente el calendario electoral para la elección del nuevo Congreso y del próximo presidente de la República, el presidente Gustavo Petro ha logrado mantener un papel central en la definición de los temas que dominan el debate público. Incluso aspirantes presidenciales de distintas orillas políticas reconocen que el mandatario ha conseguido imponer los asuntos prioritarios de la conversación nacional, obligando a la oposición y a los precandidatos a reaccionar más que a proponer agendas propias.
Desde la Casa de Nariño, Petro ha puesto sobre la mesa debates estructurales que conectan con su proyecto político y con las promesas que lo llevaron al poder. La discusión sobre una eventual convocatoria a una asamblea constituyente, la defensa de sus reformas sociales —especialmente las relacionadas con trabajo, salud y pensiones—, así como el aumento del salario mínimo y el enfoque del Estado frente a la desigualdad, se han convertido en ejes inevitables del discurso político. Estos temas, más allá de su viabilidad legislativa inmediata, cumplen un papel estratégico: polarizan, movilizan a sus bases y obligan a sus contradictores a fijar posición.
Otro de los frentes con los que el presidente mantiene el control de la agenda es el manejo del orden público y la política de “paz total”. Aunque los resultados han sido mixtos y las críticas persistentes, el Gobierno ha logrado que la seguridad, el diálogo con grupos armados y el enfoque territorial del conflicto sigan siendo asuntos centrales en la discusión electoral. A esto se suma la política económica, marcada por tensiones con el sector empresarial, debates sobre el gasto público y advertencias sobre el impacto de las decisiones oficiales en el costo de vida, temas que inevitablemente atraviesan cualquier campaña.
En el plano político, Petro también ha sabido capitalizar la confrontación directa con sectores tradicionales, gremios y figuras de la oposición, presentándose como el principal contradictor del “establecimiento”. Esa narrativa, que refuerza la idea de un gobierno en disputa permanente, le permite mantenerse como referente obligado del debate, aun cuando no será candidato. De hecho, varios aspirantes reconocen que gran parte de sus discursos terminan girando en torno a respaldar o cuestionar al presidente, lo que evidencia su influencia en el tono y el contenido de la campaña.
Así, de cara a las elecciones legislativas de marzo y presidenciales de mayo del próximo año, Gustavo Petro no solo gobierna, sino que también condiciona el terreno político. Al fijar los temas, los tiempos y el tono de la discusión, el mandatario mantiene un control significativo de la agenda pública, con un impacto directo en la manera como se están configurando las candidaturas, las alianzas y las estrategias electorales en Colombia.

