
Bogotá, 6 de febrero de 2026 — Las tensiones en el seno de la izquierda y el progresismo colombiano se profundizan luego de la decisión de los precandidatos Juan Fernando Cristo y Gilberto Murillo de no participar en la consulta interpartidista del Frente por la Vida y optar por ir directamente a la primera vuelta presidencial de 2026. La decisión, que generó reacciones cruzadas, fue calificada este viernes por el senador Roy Barreras como una acción que divide a la centroizquierda y complica la cohesión política del sector.
Barreras —quien ha mantenido una postura firme a favor de la consulta como mecanismo para elegir un candidato único— señaló que la salida de ambos dirigentes evidencia una fractura significativa, más allá de diferencias normativas o estratégicas. “Eso sí es dividir a la centroizquierda”, afirmó Barreras en declaraciones, en referencia a la decisión de Cristo y Murillo de dejar la consulta para competir directamente en la primera vuelta.
La polémica por Iván Cepeda y la lógica del Frente por la Vida
El ambiente político de la izquierda ya estaba tensionado tras la decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) de excluir al senador Iván Cepeda de la consulta del 8 de marzo, lo que llevó a múltiples protestas internas y debates sobre la legitimidad del proceso. Esa exclusión —argumentada por el CNE en temas técnicos y de interpretación normativa— fue considerada por muchos sectores como un golpe político que distorsionó el ejercicio interpartidista y debilitó su representatividad.
La combinación de la salida de Cepeda y la decisión de Cristo y Murillo ha generado una disputa abierta dentro del progresismo sobre cómo consolidar liderazgo y unidad de cara a las elecciones presidenciales. Barreras ha defendido que, pese a las tensiones, la consulta sigue siendo la vía adecuada para construir consensos amplios, algo que ahora se complica con candidaturas directas y decisiones aisladas de figuras clave.
Reacciones dentro del progresismo
La reacción de Barreras parte de la reflexión de que la consulta interpartidista del Frente por la Vida fue diseñada como una herramienta para evitar fragmentaciones y para permitir que diversos sectores de la izquierda y centroizquierda compitan en igualdad de condiciones antes de la primera vuelta. Sin embargo, la salida de Cristo y Murillo ha sido leída por críticos internos como conductas que favorecen la dispersión del voto y disminuyen la capacidad de consolidación de una agenda progresista cohesionada.
Sectores afines al Pacto Histórico y otras fuerzas de izquierda han expresado que las tensiones también reflejan diferencias programáticas y estratégicas profundas, más allá de la disputa alrededor de la consulta. La situación coloca al Frente por la Vida en una encrucijada: mantener el mecanismo como eje de unidad o asumir un escenario con múltiples candidaturas independientes.
Impacto político y electoral
La fragmentación entre los aspirantes de la izquierda tiene implicaciones directas sobre la configuración del mapa electoral rumbo a las elecciones de mayo de 2026. Analistas consultados señalan que la decisión de candidatos como Cristo y Murillo de ir a la primera vuelta podría restar fuerza al bloque progresista unificado, pero también podría abrir oportunidades para que nuevas alianzas se formen en torno a candidaturas emergentes.
Mientras tanto, Barreras ha mantenido un llamado a la unidad, insistiendo en la importancia de mantener el mecanismo de consulta como una apuesta política que puede mejorar la representatividad del progresismo frente a otras tendencias políticas del país.

