
El enfrentamiento político entre el presidente Gustavo Petro y el expresidente Álvaro Uribe volvió a escalar en el inicio de 2026, en un nuevo episodio que refleja la profunda polarización ideológica que atraviesa el país. Esta vez, el cruce de declaraciones giró en torno a tres temas sensibles para la opinión pública: el modelo económico, la política salarial y la relación del Gobierno con referentes de la izquierda latinoamericana, especialmente Nicolás Maduro.
Álvaro Uribe lanzó duras críticas contra la administración Petro, asegurando que sus decisiones están “acabando con la empresa privada” y debilitando la confianza de los inversionistas. En su discurso, el exmandatario cuestionó el aumento del salario mínimo decretado por el Gobierno, advirtiendo que, lejos de beneficiar a los trabajadores, podría traducirse en mayor desempleo, informalidad y presión para las pequeñas y medianas empresas. Para Uribe, estas medidas hacen parte de una visión estatista que, según él, pone en riesgo la sostenibilidad económica del país.
El expresidente también sugirió que el rumbo del actual Gobierno guarda similitudes con modelos políticos de izquierda radical en América Latina, una comparación que provocó una respuesta inmediata del jefe de Estado. Gustavo Petro rechazó de manera tajante cualquier paralelismo con líderes como Fidel Castro o Hugo Chávez y defendió su proyecto como una apuesta democrática orientada a corregir desigualdades históricas sin desmontar el sistema económico.
En su réplica, Petro acusó a Uribe de representar un modelo que, en su concepto, privilegió a unos pocos y dejó profundas brechas sociales. Además, defendió la política de transición energética y la reducción progresiva de la dependencia del petróleo, argumentando que el futuro económico del país no puede seguir atado a los combustibles fósiles ni a un esquema extractivista que, según él, ha generado conflictos sociales y ambientales.
El choque también evidenció visiones opuestas sobre el papel del Estado: mientras Uribe insiste en que el Gobierno actual envía mensajes de desconfianza al sector productivo, Petro sostiene que su administración busca equilibrar el crecimiento económico con justicia social, fortaleciendo el ingreso de los trabajadores y la capacidad reguladora del Estado.
Este nuevo enfrentamiento no solo revive una rivalidad política de larga data, sino que también marca el tono del debate público en un año clave para Colombia, en el que las elecciones de 2026 se acercan y las tensiones entre modelos económicos y políticos comienzan a dominar la agenda nacional.

