
Aunque las elecciones presidenciales aún parecen lejanas, la carrera por el poder en 2026 ya se libra con intensidad en los pasillos del Congreso y en los cuartos de estrategia de los principales liderazgos políticos del país. La primera gran prueba será el 8 de marzo, cuando los colombianos acudan a las urnas para elegir un nuevo Legislativo y, al mismo tiempo, participen en consultas interpartidistas que servirán de termómetro real para las aspiraciones presidenciales en distintos sectores.
Ese día no solo se definirá la correlación de fuerzas en Senado y Cámara, sino que se marcarán las bases de las alianzas que buscarán mantenerse o llegar al poder Ejecutivo. En ese ajedrez, las decisiones que se tomen ahora —listas, avales, coaliciones y candidaturas tempranas— pueden resultar determinantes para el desenlace presidencial meses después.
El presidente Gustavo Petro juega un papel central en esta etapa. Sin posibilidad de reelección, su interés está puesto en consolidar un Congreso afín que le permita cerrar su mandato con mayor gobernabilidad y, a la vez, deje sembrado el camino para un eventual sucesor del campo progresista. Por eso, el oficialismo trabaja en fórmulas de unidad, aunque no sin tensiones internas, para evitar la dispersión del voto y maximizar su representación parlamentaria.
En la orilla opuesta, el expresidente Álvaro Uribe también mueve sus fichas. Consciente de que el Congreso será clave para frenar o impulsar el proyecto político del petrismo en el último tramo del mandato, el uribismo busca rearticular a la derecha y parte de la centroderecha, no solo para ganar fuerza legislativa, sino para llegar con músculo propio a la disputa presidencial. Las consultas aparecen como un mecanismo para medir liderazgos y filtrar candidaturas viables.
César Gaviria, desde el Partido Liberal, mantiene una posición estratégica. Su colectividad sigue siendo decisiva para inclinar mayorías, y el expresidente evalúa con cautela si el liberalismo se alinea con un proyecto propio, si actúa como bisagra entre bloques o si apuesta por alianzas que le garanticen una porción relevante de poder en el próximo cuatrienio. Las listas al Congreso serán una señal clara de hacia dónde se inclina la balanza roja.
Germán Vargas Lleras, por su parte, no se mantiene al margen. Cambio Radical trabaja para conservar su peso parlamentario y proyectarse como un actor indispensable en cualquier coalición de gobierno futura. Su estrategia combina prudencia con cálculo frío: fortalecerse en el Legislativo primero, para luego negociar desde una posición sólida en la contienda presidencial.
En el fondo, lo que se está jugando no es solo una elección, sino el control del rumbo político del país. El Congreso que surja en marzo será el escenario donde se definan reformas pendientes, se marque la recta final del gobierno Petro y se mida la capacidad real de cada bloque para disputar la Casa de Nariño. Por eso, las alianzas que hoy se tejen —muchas aún silenciosas— son el preludio de una batalla mayor, en la que cada partido busca quedarse con una tajada decisiva del poder en 2026.

