
El Centro Democrático tomó una de las decisiones más relevantes de su calendario político al definir que la senadora Paloma Valencia será su principal figura en el tarjetón presidencial de 2026. La escogencia se produjo tras la realización de dos encuestas internas, mecanismo con el que la colectividad buscó medir reconocimiento, favorabilidad y capacidad de liderazgo entre sus posibles aspirantes. Los resultados le dieron a Valencia el respaldo mayoritario dentro del partido, consolidando su posición como la voz que llevará las banderas de la oposición en la contienda presidencial.
Más allá del aval, la designación implica una responsabilidad estratégica clave: Paloma Valencia quedó encargada de liderar los acercamientos y diálogos necesarios para construir la anhelada “unidad” dentro del sector político que representa el uribismo y sus aliados. En un escenario electoral marcado por la fragmentación de la derecha y la centroderecha, su misión será tender puentes, reducir tensiones internas y explorar eventuales consensos que fortalezcan una candidatura competitiva frente a otros bloques políticos.
La senadora llega a este punto con una trayectoria reconocida dentro del Centro Democrático, caracterizada por un discurso firme, una postura crítica frente al Gobierno nacional y una defensa constante de las ideas que identifican al partido. Su elección refleja, además, la intención de la colectividad de proyectar una figura con alta visibilidad mediática y capacidad de confrontación política, pero también con margen para negociar y dialogar en un contexto electoral complejo.
Con este paso, el Centro Democrático empieza a ordenar su estrategia para 2026, apostándole a una candidatura que combine identidad partidista y vocación de articulación política. El reto de Paloma Valencia no solo será posicionarse ante el electorado, sino demostrar que puede convertirse en un factor de cohesión interna y en un punto de encuentro para sectores afines que buscan llegar fortalecidos a las urnas.

