
Las colombianas Manuela Bedoya y Luna Barreto, quienes habían sido detenidas por las autoridades israelíes en medio de la tensión diplomática entre Colombia e Israel, regresaron al país a bordo del avión presidencial. Su llegada se produjo en el Comando Aéreo de Transporte Militar (CATAM), en Bogotá, donde fueron recibidas con emotividad por sus familiares y por los ministros del Interior, Armando Benedetti, y de Defensa, Pedro Sánchez.
El retorno de las dos jóvenes fue gestionado directamente por el Gobierno colombiano, tras varias semanas de gestiones diplomáticas y coordinaciones entre la Cancillería y la Presidencia de la República. Según fuentes oficiales, su liberación fue resultado de una serie de contactos humanitarios impulsados por la Casa de Nariño, luego de que se conociera que ambas habían sido privadas de la libertad en circunstancias que el Ejecutivo calificó como “arbitrarias” y “contrarias al derecho internacional”.
El caso se dio en un contexto de tensión creciente entre Bogotá y Tel Aviv, luego de que el presidente Gustavo Petro rompiera relaciones diplomáticas con Israel en 2024, tras sus denuncias sobre presuntos crímenes de guerra cometidos en Gaza. Las autoridades israelíes no han ofrecido detalles públicos sobre las razones de la detención de las dos colombianas, pero su liberación fue vista por analistas como un gesto de distensión tras meses de desencuentros políticos.
Durante el recibimiento en CATAM, el ministro Armando Benedetti afirmó que el Gobierno “cumplió su compromiso de proteger a los ciudadanos colombianos en cualquier parte del mundo” y reiteró el llamado a resolver los conflictos internacionales por la vía diplomática. Por su parte, familiares de las jóvenes agradecieron la intervención directa del presidente Petro, asegurando que el regreso marca “el fin de una pesadilla”.
El episodio refuerza la narrativa del Ejecutivo sobre su política exterior centrada en la defensa de los derechos humanos y en la protección de sus connacionales, incluso en medio de relaciones bilaterales tensas. Con su retorno, el Gobierno busca mostrar capacidad de gestión en escenarios internacionales complejos, en un momento en que la política exterior ha ganado protagonismo en la agenda nacional.

