
En el papel, el proyecto prometía salvar vidas en las zonas más remotas de La Guajira.
En la realidad, se convirtió en un monumento al detrimento patrimonial. Dos lanchas-ambulancia, adquiridas para el Hospital San José de Maicao con el fin de atender a las comunidades costeras y ribereñas, terminaron convertidas en chatarra antes de trasladar a su primer paciente.
El origen del contrato
La historia se remonta a la gestión de recursos del Sistema General de Regalías y convenios con el Ministerio de Salud. El objetivo era dotar al hospital de transporte medicalizado fluvial/marítimo. Sin embargo, desde su llegada, las irregularidades fueron evidentes. Las embarcaciones fueron entregadas sin los permisos de navegación de la Dimar (Dirección General Marítima) y sin el equipamiento biomédico completo requerido por la norma técnica colombiana.
Abandono y deterioro
A pesar de la millonaria inversión —que superó los 2.000 millones de pesos en el marco de fortalecimiento hospitalario—, las lanchas quedaron ancladas y expuestas al salitre. Investigaciones de la Contraloría General de la República y la Procuraduría han señalado que:
Falta de mantenimiento: Las lanchas nunca contaron con un rubro asignado para combustible o tripulación calificada.
Incompatibilidad técnica: Se cuestionó si el calado y el diseño de las naves eran aptos para las condiciones específicas de la costa guajira.
Hallazgos fiscales: Los entes de control calificaron el hecho como un “elefante blanco”, debido a que la inversión no prestó el servicio social para el que fue concebida.
El estado actual: Hoy, las imágenes de las lanchas con motores oxidados y cascos deteriorados en patios de la región son la prueba reina de una planeación deficiente. Mientras el hospital enfrenta crisis financieras recurrentes, el equipo que debía garantizar el derecho a la salud de las comunidades indígenas y rurales sigue encallado en la burocracia y la negligencia.

