
El especial “Pensadores 2026”, abre un debate central para la geopolítica contemporánea: ¿existen hoy alternativas reales al liderazgo económico, político y de seguridad de Estados Unidos? La pregunta cobra renovada relevancia en un contexto global marcado por tensiones armadas, rivalidades comerciales, crisis multilaterales y un creciente cuestionamiento al orden internacional que ha predominado desde el final de la Guerra Fría.
En esta primera entrega, expertos, académicos y analistas de Europa, Asia, África y América Latina coinciden en que, aunque Estados Unidos continúa siendo la principal potencia global, su liderazgo ya no es incuestionable ni absoluto. La guerra, las sanciones económicas, el unilateralismo en política exterior y las dificultades internas del país han abierto espacio para que otros actores busquen redefinir los equilibrios de poder, aunque sin que ello implique necesariamente un reemplazo inmediato de Washington.
Uno de los ejes centrales del análisis es el papel de China, señalada como el principal competidor estratégico de Estados Unidos. Los expertos destacan su capacidad industrial, su influencia en cadenas globales de suministro y su creciente presencia diplomática y financiera en África, Asia y América Latina. Sin embargo, también subrayan que Pekín enfrenta limitaciones estructurales, como el envejecimiento de su población, la falta de aliados militares comparables a los de EE. UU. y desconfianza internacional frente a su modelo político.
El debate también aborda a la Unión Europea, vista más como una potencia normativa y económica que como un actor de seguridad global. Aunque posee un enorme peso comercial y regulatorio, su fragmentación política, la dependencia militar de la OTAN y la ausencia de una política exterior unificada limitan su capacidad para asumir un liderazgo alternativo sólido.
Otros países y bloques, como India, Rusia, los BRICS ampliados y las potencias regionales del Sur Global, aparecen como actores relevantes en un escenario cada vez más multipolar. India es mencionada por su crecimiento demográfico y económico, mientras que Rusia conserva influencia militar y energética, aunque debilitada por sanciones y conflictos prolongados. Los BRICS, por su parte, representan un intento de cooperación económica que busca reducir la dependencia del dólar y de las instituciones financieras dominadas por Occidente, aunque sin una agenda política común clara.
Un punto clave del especial es que los analistas coinciden en que no se está produciendo una sustitución directa del liderazgo estadounidense, sino una fragmentación del poder global. En lugar de una sola potencia dominante, el mundo parece avanzar hacia un sistema más inestable, con múltiples centros de influencia que cooperan y compiten simultáneamente, especialmente en ámbitos como la tecnología, la energía, la seguridad y las finanzas.
Finalmente, los pensadores advierten que este escenario plantea riesgos y oportunidades. Por un lado, la ausencia de un liderazgo claro puede aumentar los conflictos y debilitar el derecho internacional; por otro, abre la posibilidad de un orden más equilibrado, donde regiones históricamente marginadas tengan mayor margen de decisión. En este contexto, el debate sobre el futuro del liderazgo global no es solo estratégico, sino profundamente político y ético.

