
La consulta interpartidista de la oposición, promovida por los expresidentes Álvaro Uribe y César Gaviria como una fórmula para enfrentar al petrismo en las elecciones de 2026, atraviesa un momento crítico que dejó en evidencia las dificultades para construir un bloque sólido y cohesionado. Lo que se planteó como una estrategia de unidad temprana terminó enredándose por decisiones políticas que debilitaron su alcance y redujeron su viabilidad electoral.
El primer gran golpe para la iniciativa fue la salida de los dos aspirantes mejor posicionados en las encuestas, quienes optaron por no participar en la consulta. Su ausencia despojó al mecanismo del principal atractivo electoral: la posibilidad de medir fuerzas entre figuras con verdadero arrastre ciudadano. Sin estos nombres, la consulta perdió competitividad y dejó dudas sobre su capacidad de movilizar votantes más allá de las bases tradicionales de los partidos.
Una segunda dificultad surgió de las diferencias estratégicas entre los propios sectores opositores. Mientras algunos líderes insistían en avanzar con la consulta como símbolo de cohesión, otros comenzaron a cuestionar su utilidad real y el riesgo de desgastar candidatos antes de la primera vuelta. Estas tensiones revelaron visiones opuestas sobre cómo enfrentar al oficialismo: si a través de una consulta amplia y temprana o con candidaturas que lleguen fortalecidas directamente a la contienda presidencial.
El tercer factor que terminó de enredar la apuesta fue la situación interna de un partido clave para la estrategia. Esta colectividad enfrenta crecientes problemas para definir una ficha presidencial propia, atrapada entre disputas internas, liderazgos fragmentados y la falta de un consenso claro. La imposibilidad de resolver esa definición debilitó aún más la arquitectura de la consulta, que dependía de la participación activa y ordenada de ese actor político.
En conjunto, estos tres movimientos dejaron la iniciativa de Uribe y Gaviria en una posición frágil. Lejos de consolidar un frente común, la consulta expuso las dificultades estructurales de la oposición para alinearse en torno a un proyecto único. El episodio no solo complica la construcción de una alternativa frente al petrismo, sino que anticipa una campaña marcada por candidaturas dispersas, negociaciones tardías y una carrera presidencial en la que la unidad opositora, por ahora, sigue siendo más una intención que una realidad.

