
Durante una sesión reciente del Congreso de Colombia, se generó una fuerte controversia debido a que Jorge Rodrigo Tovar, representante de la curul de paz por la circunscripción de la Serranía del Perijá, fue designado para presidir la sesión plenaria de la Cámara de Representantes. Tovar es hijo del exjefe paramilitar Rodrigo Tovar Pupo, alias “Jorge 40”, lo que despertó un rechazo inmediato de varios congresistas, tanto del Senado como de la Cámara.
Las curules de paz fueron creadas para garantizar la representación política de las víctimas del conflicto armado, por lo que la presencia de Tovar en una de estas sillas ha sido motivo de polémica desde el inicio de su candidatura. Su papel como presidente en la sesión avivó nuevamente el debate sobre la legitimidad de su curul, dadas las acciones de su padre, uno de los responsables de múltiples masacres y violaciones de derechos humanos durante el conflicto armado colombiano.
Congresistas de partidos como el Pacto Histórico, la Alianza Verde y algunos independientes manifestaron su inconformidad, señalando que era una afrenta para las víctimas que un hijo de un exparamilitar liderara una sesión en un espacio que busca, precisamente, dignificar su voz. Algunos de ellos abandonaron la sesión como acto de protesta.
Por otro lado, defensores de Tovar argumentaron que no se le puede responsabilizar por los actos de su padre y que él ha expresado públicamente su compromiso con la paz y la reconciliación. Jorge Tovar, de hecho, ha trabajado en temas relacionados con los derechos humanos y las víctimas, y sostiene que su vida ha estado marcada también por el conflicto desde otra perspectiva.
El hecho volvió a poner sobre la mesa la discusión sobre los límites entre la justicia, la reparación, la reconciliación y la participación política en una sociedad que aún lidia con las heridas abiertas del conflicto armado.

