
La Asamblea Departamental del Meta eligió este jueves a Diego Meyer como nuevo contralor para el periodo 2026–2029, con ocho votos a favor y tres en blanco. Una decisión que volvió a evidenciar la falta de independencia de la duma frente al poder político del departamento.
Aunque el proceso contó con acompañamiento académico, la balanza terminó inclinándose hacia Meyer, señalado por diversos sectores por su cercanía con el exgobernador Juan Guillermo Zuluaga. Su trayectoria también ha sido objeto de cuestionamientos: durante su paso por la Unidad de Licores del Meta, presuntamente dejó a la entidad en una situación financiera crítica, según advertencias hechas en su momento por trabajadores y veedores.
De igual forma, su gestión como contralor de Villavicencio ha sido catalogada por críticos como débil y poco efectiva, con resultados que generaron más dudas que avances.
A pesar de estos antecedentes, la Asamblea decidió respaldar su nombre sin mayores reparos, cerrando un proceso que terminó teniendo más peso político que técnico.
El resultado deja un mensaje inquietante: la duma departamental sigue actuando lejos del interés ciudadano y demasiado alineada con el gobierno de turno. Una vez más, los diputados se comportan como piezas dentro de un tablero político que beneficia a unos pocos.
Con la llegada de Meyer a la Contraloría, es evidente que el departamento no contará con un control fiscal real, sino con un funcionario presuntamente alineado con quienes impulsaron su nombramiento y con un órgano de control que seguirá subordinado a intereses políticos antes que al rigor institucional.

