
El Partido Liberal atraviesa uno de sus momentos más tensos en la antesala del cierre de inscripciones al Congreso. A solo días de definir oficialmente sus listas, sectores que se oponen al liderazgo del expresidente César Gaviria intensificaron sus cuestionamientos y exigieron revisar a fondo los mecanismos mediante los cuales se eligió la cabeza de lista al Senado, así como las rutas presidenciales de cara a 2026. Lo que en principio parecía una discusión interna de procedimiento ha escalado hacia un choque directo por el control y el rumbo político de la colectividad.
Las corrientes inconformes argumentan que las decisiones recientes del directorio no reflejan el sentir amplio de las bases liberales ni la diversidad de liderazgos regionales. Por ello, reclaman una convención nacional que permita redefinir la estrategia electoral, abrir el debate sobre posibles candidatos a la Presidencia y revisar las formas de selección interna que, a su juicio, han sido impuestas de manera vertical. Consideran que el liberalismo, en un contexto político marcado por la recomposición de coaliciones y el avance de nuevas fuerzas, no puede seguir actuando con estructuras cerradas ni con un liderazgo personalista que limite la renovación.
Desde la dirección del partido, en cambio, se insiste en que el proceso ya está en marcha y que cualquier modificación, a tan pocos días del cierre, podría generar incertidumbre y poner en riesgo la competitividad electoral. Sin embargo, las voces disidentes han logrado amplificar su inconformidad en el Congreso y en varias regiones, lo que deja al liberalismo nuevamente atrapado en su histórico dilema: entre mantener la disciplina interna o encarar un proceso de democratización que, aunque necesario, puede profundizar las tensiones. En cualquier caso, la división ya se siente y amenaza con impactar tanto la confección de listas como la proyección presidencial del partido para 2026.

