
A nueve años de la firma del Acuerdo de Paz con las FARC, el expresidente Juan Manuel Santos hizo una reflexión profunda sobre el alcance histórico del pacto y los desafíos que han marcado su implementación. En su análisis, Santos descartó la idea de que su gobierno hubiese actuado con ingenuidad o “exceso de optimismo”, argumentando que el proceso se adelantó con realismo, conciencia de los riesgos y un compromiso moral hacia las víctimas y el país.
Santos reivindicó como un logro monumental la desmovilización de los 13.600 combatientes que integraban la guerrilla más poderosa del continente, un hecho que —según afirma— transformó el mapa de violencia en regiones históricamente golpeadas. No obstante, reconoció que el camino posterior no estuvo exento de dificultades, especialmente por la falta de continuidad y decisión política en los gobiernos que lo sucedieron. Señaló que la administración de Iván Duque frenó la velocidad de las reformas y programas previstos, y cuestionó que bajo el gobierno de Gustavo Petro la implementación haya caído en dispersión, retrasos y falta de articulación institucional.
El exmandatario advirtió que la paz no puede depender de la interpretación política de turno, pues se trata de un compromiso de Estado respaldado por la comunidad internacional y blindado jurídicamente. Por ello, lanzó un mensaje contundente a los aspirantes a la Presidencia: cualquier intento deliberado de desmantelar lo pactado podría constituir perfidia, un delito de carácter grave en el derecho internacional humanitario. Santos insistió en que el Acuerdo no es un capricho personal ni un proyecto partidista, sino un pacto que busca cerrar el ciclo de violencia más prolongado del país.
En su mirada retrospectiva, reivindicó aciertos, aceptó errores y subrayó que la tarea de la paz es intergeneracional. Recalcó que el país tiene hoy una oportunidad única de consolidar lo logrado, siempre y cuando exista voluntad política para cumplir lo firmado y evitar que el proceso retroceda por cálculos electorales o decisiones imprudentes.

