Desde uno de los barrios más golpeados por el conflicto urbano en Cali, Giovanni Jurado, conocido como Eko Guerrero, alzó la voz para lanzar una crítica frontal al programa Jóvenes en Paz, impulsado por el Gobierno de Gustavo Petro. Lo hizo después del ataque armado contra el senador Miguel Uribe Turbay, en el que estuvo implicado un menor de edad que, según el propio presidente, pasó por el programa pero se retiró dos meses después de haber ingresado.
Para Jurado, lo ocurrido es síntoma de un proyecto mal planeado y peor ejecutado. “Fue una planeación y una ejecución pésima”, dijo en rueda de prensa, visiblemente indignado. Asegura que si el joven implicado hubiera recibido un acompañamiento real, el país no estaría lamentando este tipo de hechos. En su visión, el Gobierno nacional no solo incumplió con quienes pusieron el cuerpo durante el estallido social de 2021, sino que además terminó haciéndole daño a los territorios donde se suponía debía sembrarse la paz.

En Cali, dice, se contrataron bachilleres sin formación profesional para brindar apoyo psicosocial a jóvenes en riesgo. Una decisión que, según él, desvirtuó el enfoque del programa y dejó a los beneficiarios en manos de personal sin preparación. También denunció demoras constantes en los pagos y una gestión marcada por la negligencia de los operadores. “Nos prometieron un proceso de transformación y lo que recibimos fue abandono”, afirmó.
Pero Jurado no se quedó solo en las críticas técnicas. Su discurso también apuntó a responsabilidades políticas. Acusó a Richard Piedrahíta, funcionario cercano al petrismo, de haber utilizado sus vínculos con la protesta social para conseguir cargos dentro del Ejecutivo. Al mismo tiempo, señaló al senador Alexander López por haber instrumentalizado el programa con fines electorales. “Usaron la esperanza de los jóvenes para hacer política. Eso es imperdonable”, sentenció.

El reclamo de Jurado va más allá de lo institucional. Tiene una carga emocional profunda. Reconoció que él mismo apoyó la campaña presidencial de Gustavo Petro, convencido de que representaba una alternativa real para los sectores históricamente marginados. Hoy, sin embargo, siente que fue utilizado. “Nos usaron para llegar al poder y después nos dejaron solos”, expresó con una mezcla de rabia y decepción.

También rechazó que la primera línea sea convocada para respaldar las reformas del Gobierno como si fueran una fuerza de choque al servicio de intereses partidistas. “En Cali trabajamos por la paz. Eso es lo que queremos que se reconozca. No estamos dispuestos a ser usados como herramienta de presión contra el Congreso”, dijo con firmeza.
En medio del creciente malestar social por los escándalos de corrupción que rodean al Ejecutivo —como el caso de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo—, Jurado no ocultó su frustración. Cuestionó la falta de investigaciones serias y la incongruencia entre el discurso anticorrupción del presidente y la realidad que se vive en las instituciones. “¿Dónde están las investigaciones? ¿Dónde está la coherencia?”, se preguntó.

Por último, arremetió directamente contra el jefe de Estado, a quien acusa de perder el rumbo presidencial. “Cada vez que habla en medios genera incendios. Se le olvida que es el presidente de todos, de quienes votamos por él y de quienes no”, concluyó.
El testimonio de Eko Guerrero refleja el desencanto creciente de un sector juvenil que, tras haber sido protagonista del cambio político reciente, hoy se siente traicionado por un Gobierno que prometió transformar las periferias, pero que, según denuncian, solo sembró frustracion.

