
Las recientes declaraciones de Donald Trump han generado preocupación en la comunidad médica y científica. El presidente estadounidense sugirió una posible relación entre el consumo de acetaminofén durante el embarazo y el autismo en los recién nacidos, además de plantear la necesidad de revisar la periodicidad de la aplicación de vacunas. Estas afirmaciones, sin evidencia científica sólida, encendieron las alarmas de especialistas y organismos internacionales, dado el poder de influencia que tiene la figura presidencial sobre la opinión pública y los sistemas de salud.
En entrevista, el infectólogo Jorge Cortés Luna, miembro del Comité Asesor Panamericano en Vacunación Segura de la OPS, advirtió que este tipo de mensajes pueden dar impulso a los movimientos antivacunas, los cuales ya representan un desafío para la salud pública global. Según el especialista, la desinformación en torno a los biológicos puede afectar la confianza ciudadana en los programas de inmunización, debilitando logros alcanzados en la erradicación y control de enfermedades.
Cortés Luna resaltó que los procesos de aprobación y uso de vacunas en la región cuentan con rigurosos estudios clínicos, supervisión internacional y evidencia científica acumulada que respalda su seguridad y efectividad. Asimismo, recordó que las vacunas han salvado millones de vidas en todo el mundo y que retroceder en su aceptación podría abrir la puerta a rebrotes de enfermedades prevenibles.
El experto hizo un llamado a mantener la confianza en la ciencia y en las instituciones de salud, al tiempo que insistió en la necesidad de fortalecer las campañas de información y educación ciudadana para contrarrestar los efectos de discursos que, sin sustento, siembran dudas sobre la vacunación y la medicina basada en evidencia.

