
El Pacto Histórico, colectividad que agrupa a los sectores del petrismo, enfrenta un nuevo reto en su camino hacia las presidenciales de 2026. En esta ocasión, la disputa se traslada al Consejo Nacional Electoral (CNE), al cual le solicitaron oficialmente que se aplace la consulta interna con la que se definirá al candidato único del sector. El evento, previsto inicialmente para octubre, se pretende mover a noviembre, con el argumento de que aún existen temas pendientes por resolver, como la reglamentación interna, la definición de reglas claras de participación y la articulación entre los distintos movimientos que integran la coalición.
El cambio no sería un trámite menor. Implicaría modificar el calendario electoral ya expedido, lo que abre un debate jurídico y político sobre la viabilidad de la petición. Para los críticos, acceder a esa solicitud sentaría un precedente complejo, pues el calendario electoral suele ser de carácter vinculante y cualquier alteración podría generar reclamos de otras fuerzas políticas.
Desde el petrismo, sin embargo, se insiste en que la medida es necesaria para garantizar la transparencia y legitimidad de la consulta. El retraso, según ellos, permitiría que la competencia entre precandidatos no quede marcada por improvisaciones o tensiones internas que puedan afectar la unidad del bloque progresista.
El pulso en el CNE es interpretado como una medición de fuerzas del petrismo dentro de las instituciones encargadas de arbitrar las elecciones. De la decisión dependerá no solo la fecha de la consulta, sino también la manera en que se consolide la estrategia del Pacto Histórico para enfrentar las elecciones presidenciales en un escenario político marcado por divisiones internas y una oposición que busca capitalizar los tropiezos del Gobierno.

