
Con el calendario electoral marcando el ritmo del debate público, el Gobierno del presidente Gustavo Petro encara uno de los tramos más complejos de su mandato en el Congreso: sacar adelante ocho proyectos clave en un Legislativo cada vez más absorbido por la campaña de 2026. La estrategia estará encabezada por el propio mandatario y por el ministro del Interior, Armando Benedetti, quienes buscarán recomponer mayorías frágiles y sortear un ambiente político dominado por cálculos electorales, reacomodos partidistas y tensiones internas.
Entre las iniciativas prioritarias sobresale la reforma a la salud, considerada por el Ejecutivo como estructural para transformar el modelo de atención y financiamiento. Tras varios tropiezos y ajustes, el Gobierno insiste en rescatarla en medio de una oposición fortalecida y de aliados que exigen cambios para acompañarla. Su destino dependerá de la capacidad oficial para tejer consensos mínimos y de los resultados políticos que arrojen las elecciones del 8 de marzo, que podrían redefinir fuerzas y liderazgos en el Capitolio.
Otro frente decisivo es la consolidación del Ministerio de la Igualdad, una apuesta emblemática del proyecto político de Petro, cuyo diseño institucional y presupuesto han sido objeto de críticas. El Gobierno busca blindar su continuidad y darle viabilidad operativa, consciente de que su permanencia es también una señal política sobre las prioridades sociales del Ejecutivo en la recta final del mandato.
A ello se suma la jurisdicción agraria, clave para la agenda de tierras, la implementación del Acuerdo de Paz y la resolución de conflictos rurales históricos. Su aprobación es vista como un mensaje al campesinado y a los territorios, pero enfrenta resistencias por el alcance de sus competencias y el impacto en el sistema judicial existente.
El paquete legislativo se completa con otros proyectos que el Gobierno considera estratégicos para cerrar brechas sociales, avanzar en reformas institucionales y sostener su narrativa de cambio. Sin embargo, el contexto no es favorable: las mayorías son esquivas, los partidos miden cada voto en función de las urnas y la oposición apuesta a desgastar al Ejecutivo, consciente de que el tiempo legislativo se acorta.
En este escenario, Benedetti tendrá el reto de reordenar la coalición, negociar con sectores indecisos y administrar concesiones sin desdibujar el corazón de las reformas. Petro, por su parte, ha optado por involucrarse de manera más directa, apelando a la movilización social y a la presión pública para inclinar la balanza.
Lo que está en juego va más allá de la aprobación de ocho proyectos: se define la capacidad real de gobernabilidad del Ejecutivo en un Congreso en clave electoral, la viabilidad de su legado reformista y la lectura política con la que el país llegará a 2026. El desenlace dependerá de una combinación de resultados electorales, habilidad negociadora y del margen que deje una campaña que ya se siente en cada votación.

