
La contienda política dentro del Pacto Histórico vive una nueva sacudida tras la decisión del exalcalde de Medellín, Daniel Quintero, de retirarse oficialmente de la consulta interna que se realizará el próximo 26 de octubre para definir la candidatura presidencial del bloque de gobierno. La determinación se dio luego de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) negara el uso del logo del Pacto en el tarjetón, decisión que el propio presidente Gustavo Petro calificó como un “golpe antidemocrático”.
Quintero, quien venía promoviendo una campaña intensa dentro del sector progresista y había intentado consolidarse como una figura fuerte frente a otros precandidatos como María José Pizarro, Alexander López y Clara López, señaló que el fallo del CNE genera una desigualdad que afecta la legitimidad del proceso. A su juicio, sin el símbolo que identifica a la coalición oficialista, se desvirtúa el propósito de la consulta y se confunde al electorado.
El exalcalde argumentó además que la decisión obedece a una persecución política y a maniobras institucionales que buscan debilitar el proyecto de Petro y su continuidad política. En un tono crítico, aseguró que “al Pacto Histórico le están quitando sus herramientas democráticas”, y anunció que, pese a no participar en la consulta, continuará promoviendo la agenda del progresismo en otras plataformas políticas.
Por su parte, el presidente Gustavo Petro reaccionó duramente, afirmando que lo ocurrido constituye una interferencia grave de los órganos electorales en los derechos democráticos de las fuerzas políticas. Según el mandatario, impedir el uso del logo es un intento de despojar de identidad a la coalición que representa el cambio, y advirtió que esta medida afecta la transparencia y la libre expresión política en el país.
La decisión del CNE ha generado amplio debate entre juristas, sectores del Congreso y analistas políticos, quienes advierten que el fallo podría marcar un precedente sobre el papel de los logos y símbolos partidistas en las consultas internas. Entretanto, el Pacto Histórico enfrenta un nuevo desafío: mantener la cohesión entre sus candidatos y sus bases en medio de un clima de desconfianza y tensión institucional.

