
El presidente Gustavo Petro aceptó oficialmente la renuncia de Tamara Ospina, quien hasta hace poco se desempeñaba como viceministra de las Mujeres en el Ministerio de Igualdad. La decisión se formalizó mediante un decreto conocido por El Espectador, en el cual se certifica su salida del cargo en medio de serias denuncias de acoso laboral y actos discriminatorios por motivos raciales, presentadas por integrantes de su equipo de trabajo.
Las acusaciones en su contra generaron un profundo malestar dentro del Ministerio de Igualdad, una cartera que ya ha estado envuelta en otras controversias institucionales. Excolaboradoras de Ospina señalaron reiterados episodios de maltrato verbal, presión indebida, y un ambiente hostil que afectaba su bienestar emocional y profesional. Algunas de las denuncias también apuntaban a expresiones y actitudes que fueron interpretadas como racistas, lo que resultó especialmente grave considerando el enfoque inclusivo y equitativo que promueve el ministerio.
Ante los señalamientos, Tamara Ospina presentó su renuncia, aunque también emitió un comunicado público en el que negó rotundamente haber cometido actos de acoso o discriminación. Según su versión, se trató de desacuerdos laborales malinterpretados y afirmó haber trabajado siempre desde una perspectiva feminista interseccional, comprometida con la equidad y la inclusión. También sugirió que su salida podría estar relacionada con disputas internas y presiones políticas dentro del gobierno.
Este nuevo escándalo se suma a la lista de crisis que ha enfrentado el Ministerio de Igualdad desde su creación. En menos de dos años de funcionamiento, la entidad ha tenido varios cambios en su equipo directivo, y ha sido blanco de críticas tanto por su gestión administrativa como por la forma en que se ha manejado el trato al personal.
Con la salida de Ospina, se espera un nuevo reacomodo dentro del viceministerio de las Mujeres, en medio de la incertidumbre sobre cómo quedará conformado el liderazgo de esta dependencia y qué medidas se tomarán para prevenir futuras situaciones similares. El caso también plantea cuestionamientos sobre los mecanismos de control interno y garantías laborales dentro de las entidades del Estado colombiano.

