
El presidente Gustavo Petro volvió a poner en el centro del debate el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Estados Unidos, al plantear la necesidad de reformarlo por considerar que ha dejado al país atado a un modelo de producción de “productos en decadencia”. En un consejo de ministros, el mandatario pidió a su gabinete evaluar alternativas para renegociar el acuerdo, argumentando que este no ha generado los beneficios esperados y que, por el contrario, ha debilitado la capacidad productiva nacional en sectores estratégicos.
La propuesta generó preocupación entre analistas económicos y expertos en comercio internacional, quienes advierten que modificar un tratado firmado hace más de una década y que involucra a la principal potencia económica del mundo es, en la práctica, inviable. Señalan que Estados Unidos difícilmente accedería a renegociar las condiciones, pues el acuerdo responde a intereses bilaterales consolidados y ha permitido a Colombia mantener acceso preferencial a uno de los mercados más grandes del planeta.
Los especialistas subrayan que lo urgente no es reformar el TLC, sino mejorar la competitividad del aparato productivo colombiano, diversificar exportaciones y fortalecer sectores de alto valor agregado. A su juicio, la insistencia del Gobierno en revisar el acuerdo puede enviar señales de incertidumbre a los inversionistas y tensar la relación con un socio estratégico en lo comercial y lo político.
En este contexto, la discusión se inserta en el tono crítico de Petro hacia el modelo económico vigente y en su búsqueda de redefinir las bases de la política comercial del país, aunque sin claridad sobre la viabilidad real de los cambios propuestos.

