
La dirigencia de Llaneros FC venía alertando desde mitad de año que el pago de impuestos municipales era insostenible. Aun así, la Alcaldía de Villavicencio nunca entregó una solución concreta y hoy el club enfrenta un escenario crítico que compromete su estabilidad financiera y su proyecto deportivo.
La historia comenzó con una promesa que nunca se cumplió: el alcalde aseguró que rebajaría los impuestos del 20% al 10%. Lo que terminó aprobándose en el Concejo fue una reducción solo hasta el 15%, y además condicionada a la realización de actividades sociales que el mismo club debía financiar. Para recuperar el 5% restante, Llaneros tuvo que presentar factura por factura, mientras funcionarios de la Alcaldía incluso llamaban a cada familia para comprobar si las jornadas eran reales. El alivio nunca fue tal, y a mitad de año el alcalde volvió a prometer que lo solucionaría antes de finalizar el 2024. El año terminó, y nada ocurrió.
Otro compromiso incumplido afecta directamente el patrocinio con Bavaria. Desde junio se advirtió que el patrocinio dependía de las ventas de cerveza dentro del estadio, ventas que la Alcaldía nunca autorizó. El alcalde aseguró que destrabaría el permiso, pero jamás pasó. Hoy ni siquiera es claro si Bavaria podrá seguir respaldando al equipo.
La logística solicitada por las diferentes secretarías municipales también golpea al club. Las exigencias son desproporcionadas frente a la asistencia real que tiene el estadio, y además deben pagarse de forma anticipada, como si cada partido fuera de estadio lleno. Para Llaneros, estas condiciones no solo son incoherentes: están asfixiando económicamente al proyecto.
A esa lista se suma otro compromiso que nunca vio la luz. La Alcaldía prometió ayudas por 200 millones de pesos por semestre a través del Imder. No llegaron. Y cuando el equipo intentó gestionar el desembolso para el cierre del año, la respuesta fue que ya no se podía hacer nada.
Aunque la dirigencia siempre reconoce que el alcalde es una persona educada y con buenas intenciones, es claro ante los hechos que la voluntad nunca se vio traducida en hechos. Se debe priorizar lo deportivo y proteger la estabilidad financiera, porque de lo contrario la categoría está en riesgo.
Las decisiones que Llaneros ahora se ve obligado a considerar
- Jugar a puerta cerrada en Villavicencio.
La Gobernación ha cumplido sus compromisos y mantiene el apoyo. Si la Alcaldía sigue sin responder, el club jugaría sin público en el Bello Horizonte. Si los compromisos se cumplen, se abrirían las puertas. Los partidos de alta demanda se llevarían a Bogotá. - Mudarse a otro estadio del país.
Si la Gobernación y la Alcaldía deciden no facilitar las condiciones mínimas para operar, el club se trasladaría temporalmente a otro escenario que sí garantice viabilidad. Volver a Villavicencio solo sería posible cuando el nuevo estadio esté listo, lo que tomaría entre 9 y 10 meses.
Lo más preocupante es que esta situación no tomó por sorpresa a nadie. Tanto el exdirector de Idermeta como la Alcaldía, a través del actual secretario de Gobierno, estaban enterados desde mitad de año. Y aun así, nada cambió.
En agosto, Llaneros se reunió directamente con el alcalde y puso sobre la mesa la urgencia de una solución. La respuesta nunca pasó de ser una intención. Con la llegada del nuevo director de Idermeta, el club volvió a explicar el panorama y acordó una nueva reunión para el 14 de diciembre, mientras el funcionario se familiariza con la entidad.
En conclusión, el amor por la camiseta no basta si no existe una voluntad real desde la administración municipal. El equipo ya analiza alternativas para sobrevivir mientras sigue intentando que la ciudad también juegue a favor de su propio club.

