
La campaña presidencial entra en una fase de alta tensión política en medio de crecientes dudas sobre la realización de debates entre los principales aspirantes a la Casa de Nariño. A pesar de que estos espacios han sido históricamente fundamentales para contrastar ideas y propuestas ante la ciudadanía, el panorama actual muestra un marcado desinterés de varios de los candidatos mejor posicionados en las encuestas. De hecho, solo uno de los tres punteros ha aceptado participar de manera constante en encuentros públicos, lo que ha encendido el debate sobre la equidad y la transparencia del proceso electoral.
La ausencia de reglas claras y consensuadas para la organización de debates ha generado un ambiente de incertidumbre, especialmente cuando el calendario avanza y la primera vuelta se aproxima. Analistas políticos advierten que esta renuencia no es casual: el antecedente de las elecciones de 2022 demostró que los candidatos con ventaja suelen evitar estos escenarios para no exponerse a errores que puedan costarles respaldo en las urnas. En contraste, quienes se encuentran rezagados ven en los debates una oportunidad clave para ganar visibilidad y reposicionar sus campañas.
Ante este vacío, las redes sociales se han consolidado como el principal campo de confrontación política. Plataformas como X, Instagram, TikTok y Facebook se han convertido en vitrinas permanentes de mensajes directos, réplicas, ataques y narrativas cuidadosamente diseñadas para viralizarse. La inmediatez y el alcance de estos canales han transformado la lógica de la campaña: menos discusión programática en escenarios formales y más comunicación emocional, fragmentada y dirigida a públicos específicos.
Al mismo tiempo, el proceso electoral avanza hacia una inevitable depuración de aspirantes. De los 34 precandidatos que inicialmente manifestaron su intención de competir por la Presidencia, se espera que en los próximos meses el número se reduzca de forma significativa. Las exigencias legales, la recolección de apoyos, la falta de recursos y la baja intención de voto actuarán como filtros naturales en una contienda que comienza a concentrarse en pocos nombres.
En este contexto, crece la preocupación sobre el impacto que la ausencia de debates pueda tener en la calidad de la democracia. Sectores académicos y organizaciones civiles insisten en la necesidad de garantizar espacios de confrontación de ideas que permitan al electorado tomar decisiones informadas. Mientras tanto, la campaña se calienta en el terreno digital, con una disputa intensa por la atención ciudadana y con la incertidumbre de si, antes de la primera vuelta, los candidatos aceptarán mirarse cara a cara ante el país.

