
El expresidente de Colombia, Ernesto Samper, se pronunció sobre la actual crisis diplomática entre Colombia y Estados Unidos, que se intensificó luego de que el gobierno de Donald Trump —en su condición de candidato y figura influyente del Partido Republicano— llamara a consultas al embajador interino en Bogotá. Samper ofreció su experiencia y sugirió que estaría dispuesto a aconsejar al presidente Gustavo Petro para enfrentar este difícil momento en la relación bilateral.
Samper evocó episodios de su propio mandato en los años 90, cuando enfrentó tensiones similares con Washington durante el escándalo del proceso 8.000, que involucraba la financiación de su campaña presidencial con dineros del narcotráfico. En aquel entonces, el gobierno estadounidense le retiró la visa diplomática y se suspendió la certificación en la lucha contra las drogas. A pesar de esos hechos, Samper afirma que defendió la soberanía nacional y logró mantener la institucionalidad a flote en medio de presiones externas e internas.
El expresidente también hizo referencia a los audios filtrados del excanciller Álvaro Leyva, publicados por el diario El País de España, en los cuales se insinúa un supuesto plan para desestabilizar al gobierno de Petro. Samper comparó esta situación con los “intentos golpistas” que, según él, enfrentó en su administración, y advirtió que detrás de estas maniobras se esconde una estrategia coordinada entre sectores de poder en Colombia y actores internacionales que buscan debilitar el proyecto de gobierno actual.
Asimismo, criticó la intromisión de actores extranjeros en los asuntos internos del país y señaló que la diplomacia no puede estar supeditada a vaivenes ideológicos o partidistas, en referencia al clima político polarizado tanto en Colombia como en Estados Unidos. Samper propuso que Petro adopte una postura firme, pero estratégica, para reconstruir el diálogo con Washington sin ceder ante presiones que vulneren la soberanía nacional.
Finalmente, aunque reconoció que el contexto actual es complejo, Samper insistió en la necesidad de defender las instituciones democráticas y alertó sobre los riesgos de permitir que la política exterior se convierta en un campo de batalla ideológico que termine aislando al país en el escenario internacional.

