
La centroderecha colombiana atraviesa un momento de creciente tensión interna justo cuando avanza el calendario electoral hacia 2026. Aunque varias colectividades y movimientos políticos han construido su discurso alrededor de la oposición al petrismo, las pugnas entre líderes, las disputas por protagonismo y las diferencias estratégicas están debilitando la promesa de una gran coalición unificada.
La idea de realizar una consulta interpartidista el próximo 8 de marzo, concebida para escoger un candidato único que represente al bloque antipetrista, se ha visto opacada por choques entre sectores que compiten por controlar la narrativa, la organización y, sobre todo, el liderazgo del eventual proyecto conjunto. A medida que se acercan los plazos decisivos, las discusiones internas se han intensificado, revelando la fragilidad de la supuesta unidad que varios dirigentes han intentado proyectar ante la opinión pública.
Mientras algunos líderes insisten en que el objetivo central debe ser consolidar una alternativa sólida frente al Gobierno y llegar “juntos” a las urnas, otros argumentan que la construcción de una coalición requiere reglas más claras y garantías equitativas. El resultado es un ambiente de incertidumbre que amenaza con dispersar esfuerzos y debilitar la opción electoral de la centroderecha en un escenario donde el petrismo sigue siendo el rival común.
El reloj electoral no se detiene, pero la centroderecha parece atrapada entre la necesidad de unidad y la realidad de sus diferencias internas. La consulta de marzo, que debía simbolizar cohesión, podría convertirse en un examen crucial sobre la capacidad real de este sector para superar sus divisiones y presentar una alternativa competitiva en 2026.

