
El presidente Gustavo Petro rompió el silencio en torno al proceso judicial que enfrenta su hijo Nicolás Petro, acusado de enriquecimiento ilícito y lavado de activos. Aunque había reiterado en varias ocasiones que no intervendría en el caso por tratarse de un asunto privado que debía resolverse en los estrados judiciales, el mandatario decidió pronunciarse tras conocerse una carta de la fiscal Lucy Laborde, encargada de la investigación.
En su comunicación, la fiscal advirtió sobre los avances del proceso y las pruebas que comprometen al exdiputado del Atlántico. Este hecho llevó al presidente a manifestar que, aunque había preferido mantener distancia para no influir en la justicia, no podía seguir en silencio ante lo que considera una situación delicada para su familia y para la opinión pública.
Petro reiteró que respeta la independencia de la Fiscalía y que no busca interferir en el curso del proceso, pero señaló que la carta de Laborde tiene un trasfondo que lo obliga a fijar posición. Subrayó que su postura personal y política no cambiará: su hijo deberá responder ante la justicia como cualquier ciudadano. No obstante, como padre, expresó el dolor que le genera esta circunstancia y la carga emocional que implica ver a su familia atravesar por un proceso penal de tal magnitud.
El pronunciamiento del mandatario ocurre en un contexto político sensible, dado que la oposición ha utilizado el caso para cuestionar la credibilidad del Gobierno y su discurso anticorrupción. La respuesta de Petro busca marcar una línea entre su papel como jefe de Estado, en el que defiende la autonomía judicial, y su papel como padre, en el que admite que la situación lo golpea profundamente.

