
Con un calendario legislativo reducido y un ambiente político cada vez más marcado por la cercanía de la campaña electoral, el Gobierno del presidente Gustavo Petro diseñó una estrategia integral para enfrentar los últimos meses de actividad en el Congreso de la República. El objetivo central es claro: intentar destrabar y sacar adelante las iniciativas que considera prioritarias antes de que el debate político quede absorbido por la contienda electoral y se diluya la posibilidad de acuerdos.
El Ejecutivo es consciente de que el margen de maniobra es limitado. Restan cerca de tres meses efectivos de trabajo legislativo, atravesados por intereses electorales, tensiones entre partidos y una relación con el Congreso que ha sido fluctuante durante todo el mandato. En ese contexto, la Casa de Nariño optó por concentrar esfuerzos en un grupo reducido de proyectos considerados estratégicos, priorizando aquellos que tienen mayor viabilidad política o que resultan fundamentales para el balance final del Gobierno.
La estrategia contempla un mayor trabajo político con las bancadas, una interlocución más directa con los presidentes de las comisiones y mesas directivas, y una narrativa unificada desde el Ejecutivo para defender las reformas. El Gobierno busca evitar la dispersión que marcó debates anteriores y apuesta por alinear a sus ministros y voceros en torno a mensajes claros, con énfasis en los beneficios sociales de las iniciativas y en la urgencia de su aprobación.
Entre los proyectos en juego están reformas estructurales que han generado amplios debates y resistencias, tanto en sectores de oposición como en partidos que inicialmente hicieron parte de la coalición de gobierno. La fragmentación del respaldo legislativo obligó al Ejecutivo a replantear su táctica, pasando de una lógica de mayorías amplias a negociaciones puntuales, proyecto por proyecto, con concesiones calculadas y ajustes en los textos para asegurar votos.
Otro factor determinante es el ambiente electoral. Muchos congresistas ya están enfocados en sus estrategias políticas de cara a los próximos comicios, lo que dificulta la toma de decisiones impopulares o polémicas. Ante este escenario, el Gobierno intenta presentar sus propuestas como banderas programáticas que conecten con el electorado, buscando presionar desde la opinión pública y movilizar apoyos externos al Capitolio.
Además, el Ejecutivo evalúa cuidadosamente qué batallas dar y cuáles postergar. En algunos casos, la estrategia pasa por asegurar avances parciales o dejar instalados debates que permitan mostrar resultados, aunque no se logre la aprobación total de las reformas. La meta es evitar una parálisis legislativa que pueda ser leída como un fracaso político en la recta final del mandato.
En síntesis, el Gobierno Petro enfrenta una etapa decisiva en el Congreso, marcada por el reloj en contra, la polarización política y la presión electoral. La estrategia ya está trazada: priorizar, negociar con mayor pragmatismo y convertir el cierre del periodo legislativo en una oportunidad para consolidar, al menos en parte, su agenda de cambios. Lo que está en juego no es solo el destino de varios proyectos, sino el balance político con el que el Ejecutivo llegará al tramo final de su gobierno.

